Una “solicitada” publicada anteayer en La Razón nos ha dejado meditando sobre las tonterías en que está empeñado el Gobierno, pero también en por qué tienen que ser las mujeres las que abran los ojos a los hombres, empujándolos a que cesen en su silencio, señalándoles que existen absurdos tan grandes en la hora actual, que permanecer callados es casi un pecado.
El documento de una página lo firman Mujeres de Septiembre, una institución que, seguramente, dará mucho de que hablar en los próximos días, por su cerrada oposición al torpedo que el Gobierno arma en la peligrosa Asamblea Constituyente contra las autonomías departamentales a través de las “autonomías territoriales e indígenas”. Las Mujeres de Septiembre alertan sobre los riesgos que se ciernen contra la nación, al romper sus límites territoriales, fraccionándolos, y al advertir que el proyecto “masista” es excluyente, racista, que pretende instituir en el país “una ciudadanía diferenciada entre indígenas, campesinos, originarios y los revolucionarios del partido de gobierno”. En el fondo la crítica de estas mujeres cruceñas va en contra del anunciado Estado Comunitario Plurinacional que pretendería instaurarse en Bolivia, con la irresponsable creación de 36 naciones dentro del país, descuartizándolo y desconociendo que en Bolivia, según datos del PNUD, el 76 por ciento de la población boliviana se define como mestiza. Pero, además, Mujeres de Septiembre exhibe un cuadro donde se aprecia el ridículo de que la repartija de la República debería respetar las 36 etnias existentes, con su idioma incluido, naturalmente.
Pues bien, en cuanto a etnias que aparentemente no tienen nada que ver con el mestizo que se expresa en español, no existen más de seis que superan las 20.000 personas, según datos elaborados el año pasado por el ex Ministerio de Asuntos Indígenas y Pueblos Originarios de Bolivia. Los quechuas serían 2.556.277, los aymaras 2.098.317, los chiquitanos 184.248, los guaraníes 133.393 y los demás van en franco descenso. Que en Bolivia exista un total de más de cinco millones de indígenas es una soberana estupidez producto de un censo muy mal hecho.
Pero lo grave es que entre las 36 naciones se quiere incluir a los araona con 112 habitantes, los sirionó con 308, los yuquí con 220, los pacaguara con 25, es decir una familia, los guarasugwe con 31 (otra familia), los moré con 101, y otras tribus (no naciones, por favor, señores del Gobierno) de las que no se tienen datos y hasta pueden haber desaparecido.
Esta es la bellaquería que se cranea desde el Palacio Quemado para transmitirse al Teatro Gran Mariscal de Sucre. Ese es el torpedo con cabeza nuclear que quiere lanzar el Gobierno “masista” y que no va a hundir a los blanquitos nomás, sino a la República entera.
*Manfredo Kempff Suárez es escritor y diplomático.
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