Da gusto ver a los jilakatas aymaras deambulando por los alrededores de la plaza Murillo, vestidos con sus vistosas indumentarias tradicionales, sus chicotes en bandolera y un portafolio en la mano. Vienen a La Paz para gestionar asuntos de su comunidad. ¡Estupendo! Pero, al mismo tiempo el ambiente político nacional está subiendo de temperatura como los crisoles de unos altos hornos de fundición. Cuando lleguen al rojo enceguecedor de la colada, la ira contenida se derramará por todas partes. Permítanme un breve ensayo sobre la situación de aparente calma.
El primer factor de calentamiento es el aymarocentrismo que el Gobierno ha adoptado como base de su ideario socialista-racista. El MAS no se esperaba que el referéndum sobre las autonomías departamentales dividiría el país en dos, tan profundamente como estamos comprobando. En efecto, los que votaron por el “no” coinciden con las regiones en donde el Gobierno ha profundizado un racismo cada vez más radical y,
predominantemente aymara, con “ponchos rojos” y demás atemorizantes expresiones antidemocráticas, partidarios de un Estado centralista, bajo los colores de la ajedrezada wiphala. Al extremo opuesto de la contradicción, los departamentos que votaron por el “sí” a la autonomía, en donde la diversidad racial que es propia de toda Bolivia no muestra tanta virulencia y hay más conciencia del predominante mestizaje, ha crecido la aspiración a regirse con un determinado grado de autonomía, bajo la tricolor nacional. He aquí, en pocos brochazos, el cuadro más llamativo de la exposición que exhibe el país en estos momentos de sorda confusión, vísperas de graves peligros.
Todo lo demás, fluye como el metal candente del crisol al que aludíamos al principio de este breve ensayo. En efecto, la llamada “media luna” de los pro-autonomistas también se ha puesto al rojo vivo y anuncia promulgarse como autogobierno, lo que no significa separatismo, pero sí resistencia a la imposición etnocentrista con fuerte acento aymara. La media luna e incluso convoca a las Fuerzas Armadas a preservar la unidad nacional a punto de resquebrajarse. Espero que no se llegará al extremo de la intervención militar en este conflicto entre departamentos. Primero porque, desde sus primeros días, el Gobierno ya tomó la previsión de ganarse al estamento castrense con la defenestración de las dos primeras promociones del escalafón y el consiguiente ascenso de los mandos inferiores. Y segundo porque —así lo creo— hace tiempo que las FFAA han aprendido la lección de los inconvenientes que acarrea para la propia institución intervenir en las prosaicas reyertas de los políticos.
Pero el crisol sigue derramando su fundente. La Asamblea Constituyente no habrá terminado el 6 de agosto la aprobación de un nuevo texto constitucional consensuado y, guste o no guste, impondrá el socialismo-comunitario prefabricado por el MAS. Para animar la escena, los universitarios se equivocan al confundir la bien ganada autonomía, con el caos administrativo y la degradación de los niveles académicos, principalmente en las universidades públicas. Aunque este efecto repercute también en muchas de las privadas. ¿Y la capitalidad plena de Sucre? Discusión inútil.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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