La ilusión que tuvieron los bolivianos al votar a favor de la Asamblea Constituyente, en el referéndum del 2 de julio del 2006, era que se sepultaría aquello del “empate catastrófico” y que de su seno emergería un “pacto social” que fortalecería a Bolivia.
En otras palabras, la disposición de ánimo que se tenía era sellar la unidad nacional y con ello, despejar todos los obstáculos que hubieran para aplicar los cambios que todos los bolivianos anhelaban y, sobre esa base, acabar con el atraso y la pobreza de más de la mitad de los bolivianos.
A estas horas, el fiasco es enorme; se han exacerbado las diferencias raciales, se ha sembrado el odio entre clases sociales, se han abierto brechas regionales y, como remate, se pretende fragmentar el territorio patrio, a través del engendro de lo plurinacional, que no es otra cosa que formar mini republiquetas.
Se les está yendo la mano a quienes se les ocurren propósitos tan demenciales, a título de hacer una “revolución democrática”, términos antagónicos que se los usa discrecionalmente, sin tener idea cabal de lo que expresan.
Pretender convertir en naciones a pequeños poblados, de los que alguien dijo que todos juntos equivaldrían a unos tres barrios de La Paz, realmente es caer en el absurdo, aparte de suponer que éste es el reino de la ignorancia, donde sin el menor rubor se pueden hacer ensayos descabellados, practicando la demagogia y la mixtificación.
Sólo los quechuas y los aymaras podrían constituirse en algo de naciones, pero ni aun así reúnen todos los requisitos para presumir de ser tales, aparte de que en el caso de los quechuas el espacio que ocupan abarca a cuatro departamentos (Cochabamba, Potosí, Chuquisaca y Oruro). Al constituirse en una etnia autónoma, por identidad cultural y lenguaje común, lo que tendrían que hacer es disgregarse de Bolivia.
Otras etnias a las que se pretende constituirlas en “naciones” caerían en lo ridículo, por el modesto número de sus habitantes. Así, por ejemplo, los araona tienen 112 habitantes, los chacobo 501, los moré 101, los yaminahua 188 y los yuquis 220. La etnia más poblada es la chiquitana, con 184.248 habitantes.
La única manera de detener semejante desvarío es impidiendo que la Asamblea Constituyente apruebe, en sesión plenaria, el artículo 1 de la Constitución, que es en el que se declara que “Bolivia es un Estado Unitario Plurinacional Comunitario”.
No importaría que sea al costo de hacer fracasar la Asamblea Constituyente, porque el resto de la nueva Constitución no tendría ya significación alguna. La fragmentación del país sería una realidad, de la que se excluiría a los bolivianos que no se sientan identificados con el etnocentrismo fundamentalista.
*Alberto Zuazo Nathes es periodista.
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