Ha llegado la hora del thinku, ese ritual boliviano en el que las comunidades pelean entre hermanos hasta que algo de sangre llegue hasta la Pachamama y ésta regale sus favores a los contendientes. Como humanista, a mí me quedan reparos sobre ese uso de la violencia, aunque debo admitir que, como amante de la antropología, me parece que es parte de la cultura.
Bien, los bolivianos estamos viviendo ese enfrentamiento catártico y los próximos días veremos eso con mayor claridad. Es el momento de las estridencias, de los gritos, de los maleducados que creen que es maravilloso decirle al Vicepresidente de nuestro país que hace mariconadas.
Es el momento de tensión y los partidos sacan a sus grupos de gritones, envían a sus movimientos sociales, a los unionistas, a los ponchos rojos. En fin, a los habitantes del séptico círculo del que hablaba Dante en La Divina Comedia: a los violentos.
Pero saben que después de los gritos, los insultos, vendrá la hora de la negociación porque el empate (llámelo desastroso o no) es, como su nombre indica, un momento en el que ninguna de las fuerzas puede romper a la otra.
Las negociaciones tienen de colofón los enfrentamientos y las cartas de los jugadores, o si usted prefiere, las fichas en el tablero de ajedrez. Es bien sabido que en el juego inventado por los árabes a veces hay que sacrificar una pieza menor por una mayor. Así los sectores más conservadores de Santa Cruz (los que llevan la manija hoy por hoy de la “media luna”) tienen como caballo de batalla lo de la sede de gobierno pues saben que este tema rompería irremediablemente a la Asamblea haciendo inviable toda nueva Constitución.
Se apoyan también en el referéndum donde se habló de autonomía departamental, pero olvidan la segunda parte del texto que indica que ésta sólo entrará en vigencia cuando se tenga la nueva Carta Magna. Resolver la autonomía de hecho sería ilegal y un gran error político, aún más grande que llamar a las Fuerzas Armadas a apoyarlos desobedeciendo a su Capitán General.
El MAS tiene en sus manos la maniobra en la comisión Visión de País de hacer aprobar su texto con pequeñas modificaciones pues lo tiene por mayoría y por minoría. Tiene también a su favor que la autonomía no puede darse si no hay Carta Magna y la posibilidad de movilizar a cientos de miles de comunarios y de pobres que creen ha llegado la hora de que el mundo se dé la vuelta.
Tiene en su contra que la violencia en las calles siempre perjudica al que gobierna y que hay sectores que quisieran un par de muertos para que el odio antigubernamental crezca y que el tiempo está en su contra: si no se aprueba rápido la nueva Constitución será difícil la reelección del 2008.
En fin, como ninguno de los sectores podrá vencerse, tendrán que negociar pero antes lanzarán los fuegos artificiales para la platea olvidando que a veces por jugar con ellos uno puede hacerse volar algún dedo.
O sea que en resumen: tendremos varios días de grupos de choque camino a Sucre, de ataques a través de las cámaras (que tanto les gusta a algunos de mis colegas), mientras los ciudadanos de a pie sentiremos vergüenza ajena y nos preguntaremos si realmente es verdad que cada pueblo tiene los políticos que se merece.
*Jaime Iturri Salmón es periodista.
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