¿Quién no ha jugado al fútbol o no ha sido amante de ese deporte? Pocos. Yo, hasta mis 15 ó 16 años, jugaba como loco y no me perdía partido en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, donde vivía. Era a fines de los 50 y comienzos de los 60. En el Mundial del 62, por ejemplo, cuando aparecía la tele, vi brillar a un Garrincha endiablado que fue la gran figura de Brasil. Y vi al Real Madrid con esa delantera inolvidable conformada por Canario, Del Sol, Puskas y Gento. Sufrí cuando Chile nos ganó 2 a 1 en las Eliminatorias del 58, cuando habíamos terminado ganando el primer tiempo, si mal no recuerdo.
La última vez que fui al Hernando Siles fue cuando, en las últimas Eliminatorias, nos ganó Chile. ¡Joder! Salí del estadio cabreado y mojado para colmo. Pero si bien ahora no voy a la cancha, no me pierdo por televisión partido de la selección o de los equipos que compiten en la Libertadores, y sufro hasta lo indecible si nos ganan. Siempre he pensado que no debe haber profesión más frustratoria que ser comentarista de fútbol en Bolivia, porque siempre estamos en el “casi, casi”, pero al final los comentaristas tienen que acabar enfermos, con bronca, roncos, deplorando los goles que perdimos y el que hicieron al final del partido y todavía en off-side.
Bueno, pues ya no sucederá eso, y hoy, el partido contra Venezuela lo ganaremos. Es importante ganar porque tenemos que demostrar que también podemos triunfar fuera del Siles. Venezuela ya no está para que se le metan siete goles como antes, ni mucho menos. Es un equipo fiero, con “legionarios” y todo. Lo que nos ha hecho la FIFA es una canallada, ya lo sabemos. Bolivia juega hoy en San Cristóbal, que esperamos no sea como jugar en Maracaibo. La FIFA se preocupa por los 3.600 metros de La Paz, pero no dice nada de lo que significa, por ejemplo, Maracaibo, donde nos hicieron jugar una vez, que es una depresión (está bajo el nivel del mar), con 38 ó 40 grados de temperatura y entre 90 y 100 por ciento de humedad.
Si en Maracaibo un turista no puede cruzar una calle porque se queda prendido en el asfalto, cómo a gente de altura —aunque haya muchos orientales en la selección— se les va a hacer jugar en esas condiciones infames. ¿Y Sao Paulo o Río en verano? ¿Y la propia Buenos Aires? Pues esperemos que San Cristóbal no sea otro infierno y que a nuestros jugadores no se les hinchen los pies y les baje la presión. Así y todo, tenemos que poner los riñones en el asador y dar guerra. Esos tres puntos en disputa pueden ser vitales y hay que ganarlos.
La selección ha demostrado que puede dar algunas sorpresas, los ánimos están bien, la conducción del equipo es buena, y sólo falta saltar al gramado para demostrarle a la FIFA que los bolivianos jugamos en cualquier lugar sin mariconadas y sin llorar.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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