La actividad turística en Bolivia en su escaso crecimiento siempre obedeció a la espontaneidad y no así a una seria planificación. Desde hace décadas se ha podido rescatar de las instituciones rectoras, de las cámaras de Comercio, Industria y Turismo, de las empresas privadas y un sinfín de sectores afines, simples propósitos y/o inquietudes, pero sin adecuarse a un marco nacional sino a explotar los atractivos y recursos regionales con fines mercantilistas, sin una dimensión de macro políticas nacionales que contrarreste la espontaneidad y la coyuntura de un sector productivo de alto valor para el desarrollo.
Esta situación que nos pone en la cola internacional como país receptivo del turismo, se debe a la polarización de los más de 12 destinos turísticos existentes, sin considerar que cada departamento tiene su potencial y que pueden generar ingresos significativos para el producto interno bruto. No se trata simplemente de elaborar, como siempre se hizo, planes nacionales o proyectos turísticos eventuales, sino de estructurar el sector con la participación de los actores principales que son las prefecturas, los municipios, las cámaras de Industria y Turismo, las organizaciones de agencias de viajes, líneas aéreas y otras tantas instituciones públicas y privadas.
Para llevar adelante la actividad turística sostenible es preciso contar con esa participación, ya que cualquier estrategia o plan, obligadamente, tiene que partir de bases logísticas, vivencias regionales y no así de trabajos de gabinete ministerial sin que los funcionarios conozcan ni siquiera el país en su integridad y, en consecuencia, sus recursos disponibles para el mercado.
Hoy, el turismo ha dejado de ser una actividad relativa. En la actualidad es parte importante de un presupuesto nacional y en muchos casos un sector productivo por encima de otros. Su diversidad ha obligado a ello. Tenemos el turismo familiar, ecológico, cultural, de negocios, juvenil con albergues, de la tercera edad, de salud, religioso, deportivo, vocacional, interno y eventual. Toda esta gama necesita de una sólida estructura y atención sostenible fuera de la creatividad para planificar y programar tan importante sector que precisa de la constante investigación, actualización de conceptos, renovación y adaptación del medio a las necesidades turísticas.
En este propósito, no sólo se trata de editar un plan turístico nacional para el quinquenio, sino de optimizar los servicios básicos en lo que se refiere a agua por cañería, energía eléctrica, alcantarillado, servicio telefónico, internet, fax y conexiones viales y otros adelantos tecnológicos. En ese orden de cosas, deja mucho que desear la carencia de los mismos, como por ejemplo cuando analizamos la cobertura de servicios en los salares y las lagunas de colores en Potosí que no pasan del 41% en provisión de agua potable, o un 11% de energía eléctrica y más aún en alcantarillado que no llega al 7%. Estos datos, aplicables a la gran parte de los destinos turísticos nacionales, son la evidencia de la precariedad existente que no permite estar en la estadística mundial —400 mil turistas el 2006—.
*Carlos Meyer A. es periodista y escribe desde Tarija.
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