El 17 de octubre de 1945 una multitud ocupó el centro de Buenos Aires para pedir la libertad del general Juan D. Perón, detenido por el régimen militar del que había formado parte. La imagen de los “cabecitas negras” con los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo fue la foto de la “invasión bárbara” que más tarde sumó, como epígrafe, el epíteto de un diputado del partido radical. El dirigente opositor bautizó a esas masas peronistas con un nombre que hizo historia: el “aluvión zoológico”.
A leer la columna de Manfredo Kempff del 23 de junio en este mismo diario, no pude menos que evocar aquella imagen de miedo, prejuicios y desprecio ante las irrupciones populares. Pese a su credencial de diplomático, el texto carece de la virtud de la mesura. Al hablar de la “Constituyente a la deriva”, Manfredo Kempff escribe: “¿Qué podía ofrecer al país un conglomerado de pastores, cocaleros y bloqueadores, amamantados por las ONG? Y más adelante afirma: “La Asamblea Constituyente ha sido muy democrática, de acuerdo. Pero hasta la irresponsabilidad de pretender que legislen los analfabetos”.
Estimado Manfredo: Si la mayoría de los bolivianos carece de instrucción es a causa de su exclusión crónica por parte de unas elites que gobernaron mirándose el ombligo y despreciando al país que les daba de comer y mucho más. Si hoy los pastores de llamas —como lo fue el propio Evo Morales— irrumpieron violentamente en los espacios exclusivos del poder, es porque los “doctores” que gobernaron hasta ahora dejaron como legado una nación indigna de ese nombre, plagada de pobreza y de calamidades de todo tipo.
Resulta curioso que una de las acusaciones del ex vicecanciller al actual Gobierno sea que “abusa de las minorías”. Especialmente cuando pocos días atrás —el 16 de junio en otra columna— justificó a la dictadura de Banzer con el mismo argumento que utilizan los seguidores de Videla o Pinochet: “la necesidad”. “Banzer mandó en un gobierno de fuerza porque no había otra salida en esos años... Fue autócrata cuando el país se iba al garete en medio de una tumultuosa e híbrida Asamblea Popular, y luego (gobernó como) un demócrata conciliador”.
¿Eso quiere decir que “si no hay otra salida” y vuelve el “tumulto” se justificaría un nuevo golpe militar?, ¿la elección entre república democrática o dictadura autocrática es una cuestión de coyunturas, un simple relativismo?, ¿qué pasaría, entonces, si a Evo Morales se le ocurriera utilizar el mismo argumento de la necesidad para conculcar algunos derechos democráticos?, ¿nos pondríamos a discutir si es necesario o no?, ¿o el problema de fondo es que es un simple pastor y no un “general”?
Hoy la mayoría de los bolivianos reclama vivir en una República de iguales. Si en el pasado ese reclamo democrático derivó en levantamientos sangrientos, fue por el empecinamiento de los grupos de poder en mantener a cualquier precio sus privilegios. ¿Será que la historia vuelve a repetirse?
*Pablo Stefanoni es periodista y economista argentino, fue asesor del actual Gobierno hasta octubre del 2006.
Autónomos y originarios
Todos invocan unidad pero nadie tira la primera piedra. Piden concertación pero ocultan un as bajo la manga.
Del sentir y del pensar
A esta altura es imposible suponer que alguien pueda aún dudar de que el proceso que comenzó en diciembre del 2005 sea irreversible. Las compuertas abiertas entonces no se pueden cerrar y el país no será nunca más el que fue.
Atentado a la unidad en la diversidad
Me declaro culpable de que antes de que Evo Morales se encumbrara en la presidencia de la República a punta de huelgas, paros y bloqueos, escribí un par de notas sobre sus “evadas”,
La cohesión social y la cultura democrática
El propio despliegue de la globalización y las comunicaciones somete a las sociedades modernas a fuertes presiones centrífugas, acompañadas de la emergencia de las más diversas formas de identidad fragmentada y particularista.