Me declaro culpable de que antes de que Evo Morales se encumbrara en la presidencia de la República a punta de huelgas, paros y bloqueos, escribí un par de notas sobre sus “evadas”, como llamé a la mezcla de burradas con huevadas que salpicaban su discurso. Quizá fue contraproducente para mi preferencia electoral, que brindara una caja de resonancia a sus metidas de pata y ocurrencias ilusas de candidato, equiparándolas a otras de mandatarios en ejercicio, como hiciera en mi Evadas, luladas, foxiadas y bushiadas de marzo del 2005.
Pero así fuera adverso, no me sustraigo a comentar una “evada” presidencial proferida el otro día. Al reflexionar sobre el objetivo del proceso constituyente, Evo Morales dijo que sueña “que después de la Asamblea se acabe eso de cambas y collas”. ¿Cómo es eso?, me pregunté. Primero que nada, porque la actual Constitución realza la unidad en la diversidad de Bolivia. No es cosa de que nuestro país sea un microcosmos del universo, según expresión del naturalista francés Alcides D\'Orbigny, creo, que algo ha tenido que ver con el provinciano rasgo boliviano de creernos la tetilla de Tarzán. Prefiero verla como una acertada descripción de la voluntad unitaria del país, en el contexto de legitimar una diversidad cultural que es producto de la amalgama de variopintas raíces indígenas con el componente hispano, a través del mestizaje.
Algo así como el hombre viene acoplado con sus circunstancias fue expresión de Ortega y Gasset, apócope de un tema que ha ocupado a geógrafos y antropólogos, al extremo de llevar a que ciertos determinismos hayan sido manoseados por los políticos, casi siempre con secuelas desastrosas. Porque el medio ambiente en que se desenvuelven los humanos tiene efectos en su forma de ser.
Eso reflexionaba en São Paulo, después de varias caipiroskas de frutas tropicales, observando la efusiva impronta de ruidosas reuniones de amigos, que trascendían el origen étnico de ellos, al extremo que hasta los sobrios japoneses desplegaban extrovertidos rasgos brasileños. En Alemania, que constituye un todo nacional homogéneo, amigos de esa nacionalidad comentan que los recatados ciudadanos de Hamburgo, por ejemplo, se diferencian de los más efusivos de Munich, los más latinos entre los teutones, dicen, en Bolivia, no hay duda de que los joviales cambas son más extrovertidos que los discretos collas.
Pues que ¡viva la diferencia!, porque la diversidad de gentes y regiones es uno de los acervos más importantes de Bolivia. Hoy se distinguen collas, cambas y chapacos en sus gentes, y entre bolivianos se realzan sus cualidades, critican sus defectos o celebran sus peculiaridades. Ya se disciernen rasgos diferenciados en chaqueños y yungueños. Para no hablar de que en las riberas del lago Titicaca aflora hoy un orgullo aymara, básicamente mestizo, que sería constructivo si no mostrase hilachas hegemónicas o de vengativos prejuicios racistas en reverso.
Mañana serán los porteños ribereños del río Paraguay, atizados por la importancia que tendrá la siderurgia del Mutún. Riberalta, en el pasado un crisol de extranjeros alrededor del negocio de la goma, hoy es capital industrial del noreste alrededor de la castaña, primero y la goma, después, al tiempo que es fundente del mestizaje de los grupos indígenas amazónicos. Será, junto con su hermana Guayaramerín, un polo de gestación de la identidad amazónica, más aún cuando sus aires se oxigenen con la vecindad del mundo al constituirse en puertos marítimos interiores, mediante las esclusas de futuras hidroeléctricas en el río Madera.
¿Qué interpretación cabe dar, entonces, a las expresiones presidenciales? Para algún ingenuo, el gafe de que desaparezcan las diferencias entre collas y cambas puede verse como expresión del deseo de que acabe el regionalismo divisionista en el país con la varita mágica de la Asamblea Constituyente. Soy desconfiado y me apoyo en el aforismo legal de que a confesión de partes, relevo de prueba. Porque sea por ignorancia o simple liviandad, puede que la expresión del Presidente sea un ejemplo de infravaloración de que la diversidad cultural de Bolivia sea tesoro que hay que preservar. Más aún, la expresión de Evo Morales puede ser un afloramiento subliminal de la voluntad de un nuevo tipo de subyugación, una de cuyas características es tirar por la borda la fragua de la unidad nacional bajo el lema de la unidad en la diversidad.
Esta última se refleja en la intención del régimen de reemplazar la autonomía departamental por una divisionista estructura política de 36 o más compartimientos estancos. Terminaremos como en la escindida Yugoslavia, previo baño de sangre que haga incurables las llagas de la lepra del odio entre hermanos.
Porque no creo en las hadas ni en los abracadabras mágicos. Veo más bien que al paso que va, más que nuevo pacto social concertado entre los bolivianos, la parición de la Asamblea será un monstruo de imposición totalitaria al estilo de Chávez en Venezuela. Para peor, con la peculiaridad de ser un Frankenstein andino, resentido, díscolo y chúcaro, disfrazado con colcha de retazos multicolores dizque indígenas, con clara hegemonía aymara.
Para colmo de males, ¿quién dice que no estamos en la avanzada de la tecnología mundial? Pues pisamos los talones a los países líderes en la robótica, nueva ciencia basada en las técnicas que aplica la informática a los artilugios que, en sustitución de personas, realizan operaciones por lo general en instalaciones industriales. Como el trabajo y la productividad no son nuestro fuerte, la innovación boliviana está en la aplicación del adelanto técnico a la política, con un claro ejemplo en los representantes oficialistas en la Asamblea Constituyente, robots a control remoto que se manejan desde el Palacio de Gobierno.
Autónomos y originarios
Todos invocan unidad pero nadie tira la primera piedra. Piden concertación pero ocultan un as bajo la manga.
Invasiones bárbaras
El 17 de octubre de 1945 una multitud ocupó el centro de Buenos Aires para pedir la libertad del general Juan D. Perón, detenido por el régimen militar del que había formado parte.
Del sentir y del pensar
A esta altura es imposible suponer que alguien pueda aún dudar de que el proceso que comenzó en diciembre del 2005 sea irreversible. Las compuertas abiertas entonces no se pueden cerrar y el país no será nunca más el que fue.
La cohesión social y la cultura democrática
El propio despliegue de la globalización y las comunicaciones somete a las sociedades modernas a fuertes presiones centrífugas, acompañadas de la emergencia de las más diversas formas de identidad fragmentada y particularista.