El propio despliegue de la globalización y las comunicaciones somete a las sociedades modernas a fuertes presiones centrífugas, acompañadas de la emergencia de las más diversas formas de identidad fragmentada y particularista. Con miras a contrarrestar tales efectos, en Europa y América Latina se busca poner en vigencia políticas y estrategias de cohesión social, como se evidencia, entre otras cosas, en el hecho de que este concepto tendrá un papel central en la próxima Cumbre Iberoamericana de fines de año.
La cohesión social abarca varias dimensiones económicas, políticas y culturales, siendo la redistribución del excedente y la generación de condiciones laborales satisfactorias, sus principales soportes económicos. Desde otra perspectiva, se puede afirmar asimismo que la ciudadanía sin exclusiones y la cohesión social constituyen las manifestaciones gemelas de la modernización democrática en curso, puesto que la primera consiste en el ejercicio pleno de los derechos consagrados en la Constitución y las leyes, mientras que la segunda hace referencia a los vínculos que se establecen en el mundo del trabajo y a los valores simbólicos compartidos que constituyen el cemento que mantienen unida a la sociedad.
En consecuencia, la cohesión social se fortalece en la medida en que se difunde entre todos los grupos y clases sociales la conciencia esencial de pertenencia a una comunidad política en la cual impera una solidaridad básica más allá de las diferencias económicas y sociales entre sus miembros. En consecuencia, no se puede hablar de una sociedad unificada si no se comparten efectivamente un elenco preciso de valores, principios y convicciones, los cuales expresan la voluntad general de participar en un proyecto común de futuro. Por eso, resulta tan afortunada la fórmula acuñada por Benedict Anderson en sentido de que las naciones modernas antes que nada son comunidades imaginadas.
La adquisición y puesta en práctica de los valores compartidos de unidad en la diversidad y solidaridad nacional a pesar de las diferencias socioeconómicas, no ocurren sin embargo de manera espontánea. Se trata de códigos que se incorporan en la cultura colectiva por medio de procesos educativos y simbólicos. En este sentido, el contenido de las enseñanzas impartidas en la escuela resulta esencial, así como también es fundamental el catálogo de valores y creencias que irradian los medios de comunicación. La militancia en organizaciones sociales y políticas tendría que ser sin lugar a dudas otro de los mecanismos de adquisición de dichos valores. Ocurre, sin embargo, que los partidos políticos hace tiempo que han renunciado a la función de educar políticamente a sus miembros, puesto que han sido convertidos en maquinarias electorales que se activan únicamente en época de elecciones, o el reclutamiento de militantes que ejercitan, se funda en expectativas claramente reñidas con la búsqueda del bien común y el fortalecimiento de la democracia competitiva.
Desde cualquier ángulo que se analice, la cohesión social es en consecuencia el resultado de una pedagogía sistemática de reconocimientos recíprocos y enriquecimiento de la identidad nacional mediante el diálogo intercultural, lo cual requiere por supuesto de pactos y acuerdos explícitos.
Cabe hacer notar, por último, que la propia defensa eficaz de los intereses del país en los diversos tableros internacionales depende en buena medida de la cohesión social que se ponga de manifiesto.
*Horst Grebe L, es economista.
Autónomos y originarios
Todos invocan unidad pero nadie tira la primera piedra. Piden concertación pero ocultan un as bajo la manga.
Invasiones bárbaras
El 17 de octubre de 1945 una multitud ocupó el centro de Buenos Aires para pedir la libertad del general Juan D. Perón, detenido por el régimen militar del que había formado parte.
Del sentir y del pensar
A esta altura es imposible suponer que alguien pueda aún dudar de que el proceso que comenzó en diciembre del 2005 sea irreversible. Las compuertas abiertas entonces no se pueden cerrar y el país no será nunca más el que fue.
Atentado a la unidad en la diversidad
Me declaro culpable de que antes de que Evo Morales se encumbrara en la presidencia de la República a punta de huelgas, paros y bloqueos, escribí un par de notas sobre sus “evadas”,