Algunas veces hay coincidencias impertinentes. La FIFA se pone a tratar el veto de los partidos de fútbol en estadios por encima de los 3.000 metros sobre el nivel del mar ajena, quien sabe, al debate boliviano sobre la posibilidad de llevar la sede del gobierno también por debajo de esa cota.
El hecho de que el argumento de la FIFA, o de los países que apoyan el veto, digan que es “inhumano” jugar en las alturas, agrava la impertinencia. Menos mal que en el debate boliviano nadie utilizó esa palabra, ni siquiera por error, para referirse al tema de la sede de gobierno.
Nadie ha dicho una palabra sobre las consecuencias de ser gobernados por bolivianos que viven en alturas vetadas por la FIFA. Menos mal. Parece que se partió del criterio de que el oxígeno que reciben los cerebros en las alturas es suficiente para gobernar, y mejor si tienes un plan de gobierno poco exigente.
Nadie, tampoco, quiso relacionar ambos temas, aunque coincidan en tantas cosas. La FIFA estaba pisando un terreno muy sensible en Bolivia. Al fin y al cabo, por cambiar la sede de gobierno de 2.800 a 3.600 metros sobre el nivel del mar hubo una guerra civil en Bolivia. Y la FIFA estaba moviéndose, con inocencia total, entre las peligrosas alturas de las discrepancias bolivianas.
El suspenso mayor se dio cuando el presidente de la FIFA dijo que el organismo había decidido, ante las gestiones del Presidente boliviano, que se juegue partidos de las eliminatorias “en todas las capitales sudamericanas”. Para el señor Joseph Blatter era una afirmación clara. Sin saberlo, estaba disponiendo que los partidos se jueguen en Sucre, lo que, además de sacudir las arenas políticas bolivianas, se hubiera ajustado a la disposición por la cual está prohibido jugar partidos de eliminatorias en estadios ubicados por encima de los 3.000 metros.
Es decir que la FIFA estaba aportando con nuevos argumentos al ya congestionado escenario de discrepancias bolivianas. También sin sospecharlo, cuando dijo que los partidos debían ser jugados por debajo de los 2.500 metros, la FIFA estaba dejando como únicos escenarios posibles a las capitales de la “media luna”. Tarija, con sus 1.800 metros, estaba en la primera línea sucesoria. Menos mal que este alcance no fue advertido por los furibundos enemigos de la “media luna” y sus autonomías. Ni fue usado por ningún líder de los departamentos autonomistas.
La FIFA ha decidido someter el tema a un tratamiento científico. En octubre, el cuerpo de médicos del organismo definirá si es o no inhumano jugar en la altura para los que no son de la altura. También dirá si es inhumano jugar en la excesiva humedad o el excesivo calor para los que viven en otras condiciones.
Con el mismo criterio, las diferencias sobre la capital de Bolivia deberían ser sometidas a un procedimiento serio. No hay que llamar a los médicos, porque nadie está discutiendo si es o no inhumano gobernar desde las alturas. Ponerse a definir si es inhumano para los gobernantes o para los gobernadores sería un debate peligroso.
Entonces, lo que corresponde es llamar a un referéndum. Exactamente como propuso el vicepresidente Álvaro García Linera. Y que se haga lo que el pueblo diga.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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