El mundo de los negocios está lleno de acrónimos, una sigla que se lee como una palabra, como ser el Grupo de los siete países más desarrollados (G7), Mercado Común del Sur (Mercosur), Fondo Monetario Internacional (FMI) y miles de otras abreviaciones más. En el debate internacional ha surgido uno nuevo acrónimo, BRIC, que significa Brasil, Rusia, India y China. Esta es la única forma de juntar estas cuatro letras iniciales, tres consonantes y una vocal, de tal manera que suene como una palabra razonable. Bueno, aquí termina lo que podría considerarse una lección de sabiduría inútil y vamos a la sustancia de la gallina.
Cuando hablamos de los BRIC nos estamos refiriendo a las cuatro economías emergentes que son responsables por un cuarto de la riqueza creada en el mundo y que en los próximos 10 años pueden cambiar de manera dramática la política y la economía en el planeta. De hecho, China e India y, en menor medida Rusia y Brasil, ya son responsables del vigoroso crecimiento mundial que beneficia a buena parte de los países, incluyendo Bolivia. Mucha gente arguye que se debería hablar de BRIMC, para incluir a México, o BRICS, para no dejar de lado a Sudáfrica. En fin, cuestión de gustos geográficos.
En el 2003, Jim O\'Neill de la consultora Goldman Sachs fue el primero en hablar del potencial de los BRIC en un trabajo titulado Dreaming with BRICs: The Path to 2050 (http://www2.goldmansachs.com/insight/research/reports/99.pdf). Veamos algunos datos.
En los próximos años, estos países representarán el 40 por ciento de la población mundial y generarán un PIB de 14,591 billones de dólares. Entre el 2007 y el 2015, más de 800 millones de personas en estos países habrá cruzado el umbral del ingreso anual de 3.000 dólares y aproximadamente 200 millones de personas en estas economías tendrán ingresos anuales por encima de 15.000 dólares. Esto significa un enorme mercado en expansión. Por ejemplo, primero China y una década más tarde India sobrepasarán a los Estados Unidos como el mercado de automóviles más grande del mundo. También habrá complementariedad entre los aparatos productivos de los BRIC. China e India seguirán especializándose en manufacturas y servicios tecnológicos, mientras que Brasil y Rusia podrían focalizarse en vender materias primas y energía a los asiáticos. En concreto, hierro y soya, los vecinos, y tanto petróleo como gas natural, los rusos. Por lo tanto, los BRIC tienen también el potencial de formar un bloque económico de gran alcance.
Pero qué se puede hacer desde Bolivia frente a estas abrumadoras proyecciones, además de sentirnos parientes de Pulgarcito.
Primero revisemos los negocios que tenemos con estos cuatro países. Veamos de atrás hacia delante, tomando como referencia el 2006 para todos los casos. A China, le vendimos 35 millones de dólares e importamos 173 millones en miles de chucherías, desde los ositos de peluche con los que juegan nuestras hijas hasta la camisa italiana falsa o el Lolex, perdón, Rolex chino que algunos lucen hoy. En inversiones no hay nada. Hace algunos meses vino una empresa petrolera china que le hizo brillar los ojos al Gobierno, pero después no supimos nada más de ellos. Las malas lenguas dijeron: puros cuentos chinos. Los asiáticos sólo están interesados en comprar bonos del Tesoro americano, ya tienen varios billones de dólares invertidos en el imperio estadounidense. La revolución china descubrió un arma mortal contra el capitalismo neoliberal, comprárselo.
Con India el comercio es bajísimo, les exportamos 2,5 milloncitos, no tengo idea de qué. Y les compramos 14 millones de dólares. Supongo que son las ropas, chales, bufandas y joyas indias que últimamente se han puesto de moda y que se venden en las tiendas de clases medias urbanas. ¡Ah!, no me olvido de los inciensos que perfuman nuestras fiestas. En inversiones, la empresa Jindal hace varios meses trae y lleva papeles, y negocia con las autoridades nacionales. Pero lo que son morlacos contantes y sonantes, nada todavía. Con Rusia, el comercio es casi inexistente, las exportaciones no llegan a tres millones de verdes y las importaciones son de 1 millón 400, ciertamente la mayoría en vodka. En materia de inversiones, oí por ahí que están queriendo volver al sector minero. Cabe recordar que en los revolucionarios años 70 nos vendieron la planta de Karachipampa, que nunca fundió un gramo de plata.
Con los brasileños la cosa es seria en términos comerciales, exportamos 1.562 millones de dólares sobre todo en gas natural e importamos 572 millones de verdes. Tenemos una balanza comercial a nuestro favor, pero muy dependiente de la energía. Las inversiones en el 2006 fueron cero. Muchos países tienen que atravesar mares y continentes para alcanzar este enorme mercado de más de 200 millones de personas, y nosotros los tenemos a lado, pero no aprovechamos todo su potencial. Parafraseando a don Porfirio Díaz: “Tan lejos de Dios, pero tan cerca de Brasil”, parece ser nuestro destino. Y dado que los vecinos van a paso acelerado a jugar en la ligas mundiales de la economía sería bueno tener acciones más pragmáticas y amigables y no maltratar a un mercado que nos puede cambiar la vida.
El futuro está a la vuelta de la esquina, por lo que se concluye del informe de Goldman Sachs, los BRICs no esperarán a nadie.
Bolivia debe preparar una estrategia de largo plazo, si todavía existe este tiempo en el país, para hacer negocios con estos países y para recibir sus inversiones, caso contrario seguiremos coleccionando acrónimos. Cabe recordar que ya somos parte del HIPC (Heavily Indebted Poor Countries Initiative, o en español Países Pobres Altamente Endeudados) y vamos camino a ser PAHCHA (Países Adoptados por Hugo Chávez).
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