Dos arquitectos cochabambinos diseñan en Bolivia y España viviendas que buscan cobijar cuerpo y alma. Los profesionales se inspiran en los sueños de sus clientes y buscan preservar la naturaleza.
Texto: Javier Badani Ruiz • Fotos: Moscoso Arquitectura
a línea recta es atea e inmoral”. Así atacaba en los años 50 el arquitecto austríaco Friedensreich Hundertwasser a los diseños habitacionales a los que definía como “estructuras cúbicas que confinan al hombre a vivir en jaulas”. Considerado uno de los personajes más influyentes de la Europa del siglo XX, este profesional pedía a sus colegas “no olvidar que construyen para albergar a seres dotados de espíritu”.
Más de 40 años después, las palabras de Hundertwasser toman carne en las obras arquitectónicas de Mario Moscoso Villanueva y las de su hijo, Javier. Estos profesionales cochabambinos desarrollan en Bolivia y España la arquitectura orgánica, que busca crear estructuras que estén en armonía con la naturaleza. Esto incluye el uso de la vegetación como una especie de cascarón que cubre las paredes.
“Al andar por nuestras ciudades deberíamos ver todas las edificaciones con muros verdes de vegetación, pieles que respiran y que tienen alma propia”, anhela Mario Moscoso desde Ávila, en España.
Paredes que no duelen
La frase que identifica a la empresa Moscoso Arquitectos, “Le damos forma a sus sueños”, es más que una simple retórica. Antes de iniciar los bocetos de un proyecto, los profesionales indagan las quimeras de los futuros propietarios.
“Es muy importante para nosotros no sólo saber qué clase de estructura física buscan las personas, debemos conocer cuáles son sus sueños, ya que no sólo construimos para cobijar el cuerpo, sino también buscamos refugiar el espíritu”, explica Mario Moscoso (58), quien participó en la construcción del Cristo de la Concordia, en Cochabamba.
Docente de la Universidad de San Simón por 34 años, este arquitecto viene desarrollando hace más de una década cáscaras estructurales a base de ferrocemento, un material conformado por fierros de pequeña cuantía, mallas de alambrón y cemento. Éste permite crear estructuras delgadas y versátiles —pero igual de resistentes a las hechas de hormigón armado— que consiguen dar vida a las formas cilíndricas que caracterizan a la arquitectura orgánica.
“Las formas redondas brindan resistencia y son inspiradas en los animales y la vegetación. La naturaleza tiene una geometría compleja, difícil de emular, pero muy sabia. Una de las características de nuestros diseños es que no tienen ningún tipo de ángulos. No hay espacios rectangulares ni cuadrados. Nuestros diseños buscan hacer paredes que no duelan”, asegura Javier Moscoso Tejada.
Las formas curvilíneas, que además buscan dar una armonía visual, son consideradas por los arquitectos como la piel de la casa.
“No construimos paredes, sino pieles que deben proteger en el frío y transpirar en el calor”, explica.
Esto se logra a través de una cubierta vegetal que se aloja en algunas partes del techo, las que trabajan como aislante térmico. Así, por ejemplo, cuando la temperatura sube se activa un sistema de riego que refresca las paredes y por añadidura a toda la casa.
La climatización de las habitaciones se logra, además, con la implementación de jardines dentro de la casa. Así, por ejemplo, se puede direccionar el ingreso del aire fresco para que pase por un sector destinado a plantas aromáticas, de esta forma, se impregna con estos perfumes al resto del hogar.
Uno de los proyectos de Moscoso Arquitectura se centra en permitir que una delgada capa de agua corra a través de las paredes de la estructura, debido a que este elemento ayudaría a mantener estable la temperatura en el interior y además se constituye en un buen aislante térmico y acústico.
“Buscamos que la naturaleza penetre en toda la vivienda. En algunos casos, incluso, los árboles se alzan en el centro de la casa”, manifiesta el profesional de 28 años.
“La casa no la culminamos nosotros, lo hace la naturaleza cubriéndola de vegetación en ciertas áreas. Así, mientras más vieja esté, más vida tendrá”, sentencia este arquitecto, quien creció entre las visionarias maquetas de su padre.
Casas con alma
En Bolivia, Mario Moscoso ha construido una veintena de casas inspiradas en la arquitectura orgánica. Sus inicios fueron experimentales, luego de investigar las construcciones milenarias de algunas culturas altiplánicas como la de los Urus, en Oruro, que utilizan tepes (material extraído de la tierra) para elaborar sus cúpulas.
Con todo, esta propuesta orgánica que surgió a comienzos del siglo XX, hoy forma parte de la ola ecologista que busca preservar el medio ambiente de la Tierra.
“A nivel mundial, los arquitectos nos estamos dando cuenta de que hemos estado haciendo arquitectura monumental sobrecargada de hormigón y concreto, lo que multiplica los efectos nocivos del sol. Esos monstruos son una verdadera afrenta a la naturaleza”, se queja Moscoso, cuya obra encandiló a un empresario español quien hace más de un año lo contrató para que desarrolle esta técnica arquitectónica en ese país, donde es alta la conciencia ecológica.
“Deberíamos hacer que en las casas no se utilice aire acondicionado sino elementos de la bioarquitectura”, asegura este cochabambino que antes de elaborar sus diseños estudia en el terreno las fases del sol, la ventilación natural y los porcentajes de humedad necesarios para que el interior de las viviendas sean confortables sin la necesidad del uso de artefactos eléctricos.
En su mayoría, los diseños buscan que la iluminación sea cenital, a través de vitrales o con pequeños orificios en forma de estrellas que permiten el ingreso de la luz natural. En alguna casas, incluso, los propietarios han recurrido enteramente a la energía solar.
A esto se suma el equipamiento interior de la vivienda donde se hallan mesones, sillas y camas que han sido diseñadas y tapizadas de acuerdo al estilo natural con el que se pensó toda la estructura.
Las “pieles” interiores, además, no son pintadas con material sintético, ya que el objetivo es que estas paredes puedan absorber la humedad del interior cuando ésta sea grande y sacarla luego en el momento que sea necesario.
Con todo, el proyecto más ambicioso de Moscoso Arquitectura se halla en plena ejecución en España: las “casas con alma”. Entre ellas están viviendas que cuentan en su interior con pequeños bosques de pinos y riachuelos.
Y pensando en Bolivia, Moscoso asegura que la arquitectura orgánica puede llegar a beneficiar a la gente de escasos recursos. “No se trata del uso de alta tecnología, sino del aprovechamiento del ferrocemento. Se podrían hacer viviendas sociales donde cada casa sea distinta y no como ahora donde la única diferencia es un número en la puerta. Parece que en eso nos hemos convertido para la sociedad, en un número más”.