La cuenta regresiva empezó. La sirena anuncia a los obreros de la cantera de Catavi y a los campesinos del lugar que en 10 minutos más habrá una explosión de consideración.
Todo es silencio. Un ave pasa rauda por el cielo azul mientras que en la lejanía apenas se escucha el mugido de una vaca, que inmediatamente es acallado por una nube de polvo café precedida por un ruido ensordecedor. Después, el silencio vuelve a reinar en el altiplano, en cercanías al lago Titicaca.
A las 11.00 de cada miércoles y sábado, 17 trabajadores de la Fábrica de Cemento Viacha y otros 15 trabajadores de la comunidad de Catavi, en el municipio de Laja, despedazan la montaña del lugar que se niega a producir papa y cebolla. A cambio, está sembrada de piedra caliza, puzolana y mármol. Las dos primeras son extraídas para venderse a la Fábrica de Cemento Viacha, mientras que el último es extraído por los comunarios.
Por más de 21 años y, por otros más que vendrán, los habitantes de los municipios de Viacha y Laja sellaron con la producción del cemento un pacto que les permitirá llevar el progreso hasta las dos comunidades totalmente rodeadas por el inmenso altiplano.
Es por eso que de las entrañas del cerro Catavi y, siguiendo un estrecho camino de tierra, 30 volquetas se encargan de trasladar la materia prima (piedra caliza, arcilla, óxido de hierro, yeso y puzolana) para elaborar cemento. En total, cada día son extraídas más de mil toneladas.
Del tesoro del cerro viven los más de 200 habitantes de la comunidad de Catavi, quienes apenas llegaron, levantaron sus pequeñas casas de adobe y las pintaron de blanco. El poblado se encuentra en la provincia Los Andes y está ubicado a unos 50 kilómetros de La Paz.
La explotación en la cantera
Por encima de los 3.600 metros sobre el nivel del mar, los 32 trabajadores de la cantera se baten contra el viento para arrancar del cerro, utilizando maquinaria de última tecnología, toneladas de trozos de yeso y piedra caliza, materia prima que irá directamente a la trituradora de la Fábrica de Cemento Viacha.
El cabello semiplateado y las diminutas arrugas que cubren el rostro del jefe de producción de la cantera, el ingeniero Raúl Guzmán, sólo son una muestra del porqué se halla al mando de todo un equipo de obreros, igualmente experimentados, por casi 20 años.
Cada trabajador se aboca a su labor, mientras las fuertes ráfagas de viento hacen mover los gruesos cables de la perforadora a presión que se empecina en hacer varios huecos en las grandes rocas, donde luego serán depositadas las cargas de dinamita, rodeadas con el anfo, una mezcla que duplica la explosión.
Metros más abajo, 15 comunarios, que fueron elegidos por los habitantes del pueblo para picar las rocas por el lapso de 15 días, levantan el combo uno por uno y, de acuerdo a su fuerza, golpean la piedra. Ésta se niega a destruirse hasta que otros más certeros la despedazan y deja en su lugar un pequeño promontorio de diminutas rocas.
Todo ese proceso es controlado por Ricardo Murguía, quien es el encargado de supervisar el trabajo en la cantera y verificar que todos los obreros lleven puesta toda la ropa de trabajo, vale decir, los lentes protectores, los guantes y el casco.
En cuanto los trozos pequeños de piedra son juntados en montañas de promontorios, llegan las volquetas para cargar con las palas mecánicas todo lo obtenido. Los carros se encaminan rumbo a la población de Viacha, donde empieza la etapa que dará como resultado final el cemento, material utilizado para edificar casas, edificios y pavimentar las arterias viales del país.
El gigante del cemento
El polvo que levantan las volquetas al transitar por el camino de tierra apenas puede tapar la enorme infraestructura de la fábrica de cemento que se asienta a los pies del cerro de Viacha. Las alargadas y amplias chimeneas se muestran imponentes desafiando al viento y a la inmensidad del cielo altiplánico.
La Sociedad Boliviana de Cemento S.A. (Soboce S.A.) fue fundada el 24 de septiembre de 1925, iniciando sus actividades de producción de cemento en febrero de 1928, con su primera planta industrial en la localidad de Viacha, ubicada a 35 kilómetros de la ciudad de La Paz. Su capacidad inicial era de sólo 2.000 toneladas métricas de producción de clinker por año.
A lo largo de casi 80 años de historia, la empresa logró anticiparse a las necesidades del mercado, trabajando en la calidad de sus productos y encarando un proceso de crecimiento e importantes ampliaciones hasta llegar a cubrir una capacidad actual de 510.000 toneladas métricas por año.
Ya en el interior de la planta, dentro de las oficinas, los funcionarios ataviados en sus uniformes manejan las diferentes máquinas de la fábrica para controlar la trituración de la materia prima y la mezcla hasta que se culmina el cemento.
Emilio Ampuero Sanjinés, jefe regional del Centro de Información de la Fábrica, explica que la elaboración de esta mezcla se remonta a épocas tan antiguas como el imperio de los faraones, quienes utilizaron el método para la construcción de las pirámides de Egipto. De ese tiempo pasaron varios siglos en los que albañiles, como el inglés Joseph Aspdin, patentó un producto al que llamó cemento Portland, y en 1838 fue usado por primera vez para la construcción de los túneles que pasaban por debajo del río Támesis en Londres, Inglaterra.
Tecnología de punta
Es con tecnología de punta que los obreros de Soboce trabajan en la actualidad en la fábrica de Viacha, pues una vez que las volquetas descargan su producto, éste es trasladado a la chancadora, donde se reduce la materia prima de trozos medianos a fragmentos pequeños. De ahí pasan a la máquina de trituración, que se caracteriza por aplicar la fuerza de la molienda.
Una vez que se tritura la materia prima, el proceso pasa por la etapa en que la piedra caliza se transforma en un elemento uniforme, el que es transportado por una cinta a otra área donde también sufrirá una modificación hasta convertirse en harina cruda, que tiene sus propias características químicas y físicas.
Todo el proceso que realizan las enormes máquinas de fierro es controlado por Jaime Ticona, quien trabaja en la fábrica hace más de 27 años. Él sabe que el tiempo de permanencia del polvo crudo en la torre es de casi 25 a 30 segundos, en los que los gases que ingresan a unos 1.000 ºC salen a 350 ºC.
Todos los equipos de la planta son operados desde un panel de control centralizado, donde además se monitorean las operaciones las 24 horas del día para realizar el envase y despacho de las bolsas de cemento. Después de haber pasado por toda la evaluación de calidad, el producto es embolsado automáticamente transportado por un camión que traslada el producto hasta las agencias, desde donde se reparten a tiendas pequeñas.
Elaboración del cemento
El cerro Catavi es el principal yacimiento de la Fábrica de Cemento Viacha para elaborar el producto. Casi todo el proceso de recolección es semimecanizado, el personal de campo cuenta con la debida ropa de trabajo. Al ingresar a la planta, máquinas y equipos de última tecnología controlan la elaboración de la mezcla hasta que es embolsado y trasladado a las agencias. El centro de monitoreo trabaja las 24 horas y reporta el funcionamiento de cada máquina, avisa si alguna está parada y detecta la falla de inmediato.