Indudablemente, las guerras civiles tienen un impacto negativo profundo en el desarrollo de un país y sus vecinos; los factores adversos pasan por la pérdida de los recursos humanos (que es el hecho más importante); la destrucción de la infraestructura; la reducción de la inversión interna y externa al convertirse el país en no atractivo para las mismas producto de un clima de inestabilidad y pérdida de confianza; la caída en los niveles de comercio; el descenso en las actividades diarias de las personas; la reasignación del gasto público de la inversión productiva (escuelas, carreteras, puentes, etc.) hacia el gasto en defensa que es menos beneficioso en términos económicos; la pérdida de la confianza y credibilidad; el desplazamiento demográfico y, por tanto, el gasto en este hecho y la no utilización de los recursos humanos en actividades productivas; como las principales.
Empíricamente las causas que desencadenan las guerras civiles tienen que ver con tres condiciones económicas que son: la enorme dependencia de las exportaciones primarias, el bajo nivel promedio del ingreso nacional y el crecimiento lento de la economía. Los otros factores que parecerían como detonantes más importantes tales como la desigualdad social, las deficiencias en la democracia y las divisiones étnicas y religiosas, no tienen un efecto sistemático en el riesgo de la aparición de una guerra civil.
La geografía y la historia, como hechos no económicos, también son importantes; si la población es bastante dispersa, entonces es sumamente difícil para el Gobierno controlar cualquier movimiento insurreccional, lo que no ocurre cuando el país es de reducidas dimensiones y es prácticamente imposible esconderse sin ser ubicado por las fuerzas gubernamentales en escasos periodos de tiempo; en el caso de la historia, el argumento más utilizado es que allí donde anteriormente hubo una guerra civil el riesgo es todavía mayor dependiendo de la brecha temporal entre un conflicto y la posible ocurrencia de otro. El nivel de instrucción de la población en general es también importante, los conflictos están más concentrados en los lugares donde la mayor parte de la población no ha llegado a cumplir con la educación secundaria; un factor relacionado es el referido al rápido crecimiento demográfico que no esté acompañado con un desarrollo sostenido de la economía a una tasa superior a la del aumento de la población. Si asumimos que tanto el nivel de instrucción de la población como su rápido crecimiento, desembocan en elevados niveles de desempleo, los países que tengan estos problemas se convierten en propensos a sufrir una guerra civil.
Por supuesto que los propiciadores de una guerra civil asumirán un discurso que se parecerá a una letanía que intentará constituirse en representativo del sufrimiento de la población para conseguir el respeto de la misma; obviamente el lenguaje será de protesta contra los abusos (supuestos y reales) de un sector o sectores identificados como enemigos del pueblo y sus ideales de progreso. Casi con seguridad el Gobierno responderá en forma incompetente debido a que contraatacar un discurso populista es extremadamente difícil y debido a que inmediatamente será utilizado como una afirmación de que los argumentos empleados por los rebeldes eran verdaderos.
En lo económico, el Gobierno deberá enfrentarse a la utilización de incentivos para que las fuerzas del orden cumplan con sus obligaciones establecidas por las leyes
de cada país, lo cual generará, al mismo tiempo, problemas de comportamiento (económico) de diferentes características que podrían incentivar más aún los conflictos civiles. Los problemas citados anteriormente y sus respectivos comportamientos también sirven para explicar los periodos de inestabilidad política y social que podrían o no conducir a un conflicto armado interno.
La teoría económica sugiere enfocar el problema de las guerras civiles considerando tres aspectos que las motivan: la injusticia social, la codicia por el poder político y todo lo que ello representa, y la forma cómo serán financiados los conflictos. Las guerras civiles ocurren principalmente allí donde las organizaciones rebeldes cuentan con financiamiento sostenible. Los factores para el “éxito o fracaso” de estas confrontaciones armadas no parecen estar relacionadas con las causas que generaron su aparición, sino con la posibilidad de obtener recursos financieros que las nutran y las mantengan vivas.
Las teorías acerca de la duración de los conflictos armados indican que éstos se encuentran relacionados con el deseo de realizar concesiones por parte de los líderes que los iniciaron, lo cual, al mismo tiempo, está relacionado con la medición de fuerzas respecto a los contrincantes. La variable clave que explica la duración de las guerras civiles, desde el punto de vista de la economía, es la reducción en los precios de las materias primas que exporta el país en conflicto. Collier, Hoeffler y Soderbom, en base a datos empíricos, muestran que existen tres diferentes aproximaciones: la rebelión como inversión en cuyo caso el aspecto crítico es el resultado que se pueda lograr al final del conflicto sea este de tipo político o financiero; la rebelión como empresa donde lo que importa son los resultados durante el conflicto; y la rebelión como error en el cual el conflicto armado en sí mismo y el optimismo en relación a su desenvolvimiento futuro impide ver cualquier resultado satisfactorio que se pueda alcanzar.
*Ramiro Luján Chávez es economista.
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