Una multitud fue testigo ayer del inicio de los Sanfermines, la fiesta española más internacional, que arrancó en Pamplona con el tradicional chupinazo, el lanzamiento del cohete que da paso a más de 200 horas ininterrumpidas de encierros taurinos, corridas y diversión.
Pamploneses y foráneos de todo el mundo se dieron cita en la plaza del ayuntamiento, convertida en un auténtico hervidero de gente, la mayoría vestida de blanco, y ansiosa por atarse al cuello los típicos "pañuelicos" rojos justo después del chupinazo, como manda la tradición.
El momento del lanzamiento del cohete que abre las fiestas pudo ser seguido en directo por todos los españoles a través de las retransmisiones televisivas e incluso por internet.
Durante unos instantes, la plaza se convirtió en una especie de marea roja, en la que los congregados, regados con alcohol por dentro y por fuera, lanzaban confetis, serpentinas y globos a la espera del chupinazo.
La alcaldesa, Yolanda Barcina, prendía la mecha del petardo y profería el grito de "Pamploneses, pamplonesas, ¡Viva San Fermín!” con el que cada año empieza la fiesta. A partir de ahí arrancaba una especie de locura colectiva, "un estallido de alegría que creo que es único", como lo ha definido la Alcaldesa, quien es la única de la etapa democrática que ha lanzado dos veces el chupinazo. Pamplona (España), EFE