Luego de una intensa preparación, David Flores, el andinista más joven del país, logró conquistar el pico del nevado. El próximo reto, celebrar su cumpleaños en el Illimani.
Miguel Vargas S. • Fotos: Andrés Rojas y Flia. Flores
Cuando el miedo llega, las ideas empiezan a exudarse por la frente. Los 12 años de David Jonatan Flores Patón sufren por las bajas temperaturas y el agotamiento físico. En ese momento, el pequeño se halla frente a la parte más peligrosa del ascenso al nevado Huayna Potosí: Pala Grande. Si bien se trata del pico sobre los 6.000 metros sobre el nivel del mar con más facilidades para el ascenso, el reto para alguien de esa edad es muy grande.
Las ideas empiezan a gotear. David se las limpia de la frente. Él piensa en el resto de sus compañeros, a quienes interesa más los juegos de video, gastar bromas o sentarse frente a la computadora por horas. Pocos de ellos han expresado alguna curiosidad por su hobby. Tampoco han experimentado el vértigo y la emoción de estar a miles de metros de altura.
Cae otra idea. Su máximo sueño, desde que tiene uso de razón, ha sido el conquistar nevados. Recuerda muy bien que le gustaba desde siempre amarrar una soga a cualquier montículo y gritar: “¡Soy un gran escalador!”.
¿Qué va a hacer ahora? Ansía coronar aquel pico, pero su cuerpo y su cerebro empiezan a flaquear. Es el 16 de junio de 2007 y su estómago ya le dolió por la noche. Sin embargo, lleva meses de preparación. ¿Qué puede hacer?
Sueños de altura
“Es un deporte extremo, me atrae la aventura y lo peligroso. Me gustó desde muy pequeño, pero fue cuando tenía 10 años que nos invitaron unos amigos y desde ese día me ha gustado más. La primera vez que he escalado algo ha sido camino a la cumbre, el Wila Manquilizani. Es un pico relativamente alto, es de roca”, explica David, de ojos vivos que estudian todo a su alrededor.
Junto a él siempre están sus padres, Ever Flores y Mirca Patón. A pesar de que nunca les pasó por la cabeza el que alguien en su familia practique este deporte, la vocación del pequeño pudo más y todos se lanzaron a la aventura.
“Lo primero que he sentido es emoción, y a veces miedo”, expresa David recordando su hazaña. “Para ser andinista se necesita resistencia, no temer a las alturas y el equipo necesario para poder practicar”. Para mantenerse en forma y preparar su cuerpo para las condiciones extremas de frío, altitud y fortaleza, realiza largas caminatas y escala en picos pequeños junto a su papá.
Luego de la debida preparación por varios meses, y habiendo visitado primero las faldas del Huayna Potosí, como quien mide al adversario antes de vencerlo, los Flores se aprestaron para su reto.
“El 15 de junio hemos partido a las doce del mediodía desde La Paz. Hemos llegado a las dos de la tarde hasta el campamento base. Éramos tres: mi papá, el guía Nelson y yo. Desde el campamento base hemos empezado a caminar hasta las cinco y media. Así llegamos al campamento alto, donde empieza la nieve. Allí hemos dormido”, recuerda David.
A la una de la mañana del 16 de junio, los tres aventureros estaban de pie. Piolets, sogas y arneses estaban preparados junto a varias capas de ropa climatizada. La preparación se prolongó hasta las 2.15, hora a la que se partió hasta el campamento Argentina, a hora y media de allí.
Entonces, el miedo apareció por primera vez en el cuerpo de David en forma de un fuerte dolor de estómago. Unas pastillas lo aletargaron hasta que en el campamento Argentina regresó el malestar. Unas cuantas hojas de coca solucionaron definitivamente el problema. La primera pelea contra el miedo se había librado.
Continuó el camino y la dificultad se iba acrecentando. “Hemos llegado a Pala chica, hemos subido y fuimos caminando hasta llegar a Pala Grande. Es algo muy empinado, nunca había hecho algo así”, espeta David.
Fue entonces que regresó el miedo a ese corazón. “He sentido un poco de temor. No quería subir, pensé que hasta aquí llegué. Cuando veía hasta arriba, no sabía hasta dónde llegaba, parecía una pared rodeada de viento. El frío era muy fuerte y yo ya sentía el cansancio. Los 5.900 metros me estaban haciendo efecto”.
Cuando Ever vio a su hijo temeroso, le vino a la mente la figura de Felipe Kitelson. “Nosotros éramos los inquilinos de su suegro. Venía cada fin de semana de Caranavi. La familia entera era aficionada, con ellos hemos empezado en este deporte y siempre nos han impulsado”, sonríe el padre que pensaba que subir montañas no era algo hecho para él mientras estaba frente a la Pala Grande.
Un cumpleaños de altura
La madrugada estiraba sus dedos de sol. Ahí estaban los dos, David y su temor. “Hemos venido a coronarlo, entonces lo voy a intentar”. Para distraer la mente, el niño pensó en un versículo bíblico: “No temas ni desmayes porque Jehová estará contigo donde quiera que tú vayas”. A medida que iba subiendo, el miedo se escurría por la frente hasta desaparecer.
“Llegar a la cima del Huayna Potosí implica una gran alegría y un gran frío. A las siete de la mañana la vista era hermosa. El lago Titicaca parecía estar cerca del cerro, veíamos todas las montañas que rodean al monte”.
En tierra, Mirca siempre apoya a su hijo cargando en brazos a su bebé Sara, de ocho meses. Ella y su familia estarán, como siempre, esperando que David cumpla su próximo gran sueño. “Pienso pasar mi cumpleaños en el Illimani. El 13 de noviembre voy a cumplir en la cima mis 13 años”, sonríe.