El domingo 1 de julio el reportaje semanal de La Razón apareció con el título “Mestizos más que indígenas son una mayoría en Bolivia” y el texto empieza con la afirmación de que “no hay datos serios que demuestren que Bolivia es mayoritariamente indígena y originaria”. Según el reportaje, no firmado, “el único documento” que haría tal afirmación sería el Censo 2001, en el que un 62% se autoidentificó como miembro de algún pueblo originario. A este dato contrapone el estudio Auditoría de la Democracia, de Mitchel Seligson (2006). ¿Será cierto que el Censo fue erróneo y poco serio, a diferencia de Seligson? Mi respuesta es que ambos estudios tienen niveles semejantes de seriedad y que lo poco serio es el título del reportaje. Me basaré en los datos del propio Seligson (págs. 13-19).
Su Auditoría se basa en encuestas periódicas cada dos años desde 1998 hasta el 2006; su encuesta del 2004 fue además objeto de un análisis más detallado de Luis F. Verdesoto y Moira Zuazo (citado en el reportaje), buenos amigos con los que he tertuliado sobre el tema en diversas ocasiones. Es un proyecto financiado por Usaid, realizado también en otros países y con información muy útil para ver la evolución de actitudes relacionadas con la democracia. Pero en este punto de la identidad étnica partieron inicialmente de una única pregunta poco afortunada para Bolivia: ¿Se considera Ud. una persona de raza blanca, chola, mestiza, indígena, negra u originaria?
Para empezar, era una pregunta sobre autoidentificación con determinada raza. En segundo lugar, incluía opciones sólo genéricas, algunas de ellas “dadas” por otros y con cargas emocionales negativas. Recién en las encuestas del 2004 y 2006 añadieron como segunda pregunta la misma del Censo 2001: ¿Se considera perteneciente a alguno de los siguientes pueblos originarios o indígenas? Y, como en el Censo, seguía una lista de los seis principales, más la posibilidad de señalar “otro [pueblo] nativo” o que no pertenecía a “ninguno”. Aquí la pregunta no es racial sino étnica, sobre [auto] pertenencia (o no) a pueblos originarios concretos.
Intencional o no, el reportaje que comento sólo se refiere a la primera pregunta, cuyos resultados fueron, por orden descendiente: 64,8% “mestizo o cholo” (la publicación no especifica cuántos respondieron cada posibilidad); 19,4% “indígena u originario” (tampoco especifica); 11,0% “blanco”; 4,3% “negro”; 0,6% “ninguna, no sabe o no responde”.
Pero esta información debe cotejarse además con las respuestas dadas a la segunda pregunta, incorporada desde el 2004, con los siguientes resultados el 2006: 36,4% quechua; 28,5% ninguno; 24,2% aymara; 3,7% chiquitano; 2,9% mojeño; 2,6% guaraní; 1,9% otro nativo.
Comparando con los datos del Censo 2001, los que se autoidentificaron con algún pueblo originario subieron al 71% (9% más que en 2001). Seligson lo explica así: “Es probable que, dado el enfoque étnico en el debate nacional, en los últimos años [la identificación étnica] efectivamente haya subido. Este fenómeno no es exclusivo de Bolivia, sino que algo similar ha pasado también en Guatemala”.
Más aún, incluso con relación a la pregunta más genérica, sobre “raza”, cuando Seligson compara los datos de sus cinco encuestas muestra una clarísima tendencia tanto en la categoría de “indígena” como en la de “blanco”:
1998 2000 2002 2004 2006
Blancos 23,3 25,9 20,2 19,4 11,0
Indígenas 9,8 8,5 10,5 15,6 19,3
Concluye Seligson: “La dirección del cambio entre 1998 y 2000 apuntaba a una reducción de la probabilidad de que un boliviano se sienta \'indígena\' y un incremento de la probabilidad de que un boliviano se sienta \'blanco\'. Es a partir del año 2002, sin embargo, que la tendencia apreciable es la opuesta, mayor probabilidad de sentirse \'indígena\' y menor de sentirse \'blanco\'...”.
En cambio sobre la respuesta mayoritaria pero oscilante a “mestizo” (60/65%), concluye: “mestizo aparece como una categoría identitaria comodín, de la cual la gente entra y sale de acuerdo al momento histórico del contexto social y político”.
La primera enseñanza de este análisis es que no se puede mezclar “pertenecer (o no) a un determinado pueblo” con las categorías más genéricas de origen racial por mucho que ahora tengan también cierto sentido cultural. Cada pregunta responde a asuntos distintos. Aquel estudio no incluyó el cruce entre ambas preguntas, pero yo sí lo he hecho en una encuesta, realizada con Apostamos por Bolivia, a los 255 constituyentes. He ahí el resultado:
Autoidentificación Autoidentificación con algún pueblo sólo genérica blanco mestizo indígena 32,4% se dicen quechuas y de ellos: [0] 59% 41% 17,2%, aymaras y de ellos: [0] 35% 65% 7,2%, de otros pueblos nativos y de ellos: [0] 67% 33% 43,2%, de ningún pueblo originario y de ellos: 6% 94% [1]
Es decir, no hay contradicción entre sentirse miembros de un pueblo originario y a la vez, mestizos o indígenas. Sería equivocado preguntar a alguien con una única pregunta, si es “quechua, guaraní, etc. o mestizo”. Hacer los dos tipos de preguntas, como hace Seligson, puede ser interesante, sobre todo si las dos después se cruzan, como aquí.
Quienes más reclaman porque el Censo no incluyó la categoría mestizo son los que dicen no pertenecer a “ninguno” de esos pueblos. “Nos han ninguneado”, dicen. Pero es una respuesta igualmente válida, como lo es responder “ninguno” a una pregunta sobre si alguien tiene tal o cual enfermedad; o tales y cuales objetos en el hogar; o sobre cuántos hijos tiene. Por si acaso, un dato histórico: la última vez que un censo nacional incorporó esta categoría “mestizo” (por cierto, a la pregunta raza) fue hace 107 años, en el Censo de 1900. En el de 1950 sólo se incluyó la respuesta dicotómica “indígena/no indígena”; y los de 1976 y 1992 sólo preguntaron por la lengua. ¿Por qué entonces tanta alharaca ahora?
Recomendación final: Si citan “estudios serios”, ¡cítenlos bien, por favor!
*Xavier Albó es antropólogo e investigador de CIPCA.
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