La mayoría de la gente oscila entre lo indígena y lo mestizo En una misma encuesta, con dos preguntas una seguida de otra, los bolivianos dijeron: por un lado, en un 72% pertenecer a un pueblo indígena; y en un 65% ser de raza mestiza o chola.
Recientemente La Razón propuso el debate sobre cuál es realmente la mayoría en el país: si indígena o si mestiza. Los datos tanto del Censo de Población y Vivienda del 2001 como de investigaciones recientes, hacen concluir que la mayoría del país más bien oscila entre las identidades indígena y mestiza.
La “mayoría indígena” se asienta en el resultado del Censo del año 2001, según el cual el 62% de la población mayor de 15 años afirmó ser parte de algún “pueblo indígena u originario” del país. Entre las investigaciones que, por el contrario, dan la mayoría a lo mestizo, sin duda una de las más importantes es la “Auditoría de la Democracia”, encuesta bianual dirigida por el profesor norteamericano Mitchell Seligson. Sobre una muestra nacional de 3.013 personas, la Auditoría del 2006 encontró que el 65% de la población se considera de raza mestiza o chola.
Para que haya esta contradicción, según los antropólogos Xavier Albó y Ramiro Molina B., mucho hace la forma en que se plantee la pregunta. En el estudio “Gama étnica y lingüística de la población boliviana”, Albó y Molina señalan que la pregunta del Censo lo que en realidad busca es “recuperar la especificidad propia de estos pueblos (indígenas u originarios) a los que, desde la Colonia, los sectores dominantes han tendido a agrupar en una misma bolsa indiferenciada dándoles la etiqueta común de ‘indígenas’”.
Para los antropólogos, si bien es cierto que la categoría “indígena”, en general, “ser o no ser indígena”, tiende a la ambigüedad, lo mismo se puede decir del “ser mestizo”, que más bien sería “etiqueta comodín” que tiende a generar “espejismos” de identidad.
La pregunta del Censo, además, más bien es objetiva, sugiere: “¿Se considera perteneciente a algunos de los siguientes pueblos originarios o indígenas?”. No dice, afirman los antropólogos, si uno “se identifica” con dichos pueblos, lo que sí pudo haber provocado una respuesta subjetiva. La pregunta del Censo “se refiere claramente a la pertenencia, a ser un miembro de este pueblo”, subrayan.
La Auditoría, por el contrario, más bien acude a una pregunta “que funciona mejor en estudios comparativos de distintos países”, una indagación “basada en una auto adscripción racial”: “¿Usted se considera una persona de raza blanca, chola, mestiza, indígena, negra u originario (Sic)?”.
Pero he aquí que la Auditoría presenta una sorpresa: la encuesta también aplicó la pregunta del Censo, de pertenencia a algún pueblo indígena u originario, y obtuvo nada menos que el 72% (más que en el Censo) se considera pertenecer a algún pueblo indígena, al mismo tiempo de que dos preguntas dijera ser de raza mestiza o chola.
Los autores de la Auditoría concluyen que estas diferencias se pueden explicar por dos hechos: por un lado, que “los bolivianos se sienten fuertemente interpelados” cuando se les asocia el nombre de un pueblo y al mismo tiempo no se sienten atraídos cuando se les pide identificarse como “indígenas” sin más: “los bolivianos están más dispuestos a identificarse como parte del pueblo aymara o guaraní que a autodenominarse ‘indígena’ u ‘originario’”.
Por otro lado, cuando la opción “mestizo” está disponible, entre blanco e indígena, por ejemplo, “la gran mayoría de los bolivianos se sienten interpelados”.
Con respecto a la oscilación entre lo indígena y lo mestizo, los investigadores Luis Verdesoto y Moira Zuazo, en su trabajo Instituciones en boca de la gente (mayo del 2006), sugieren tomar en cuenta, también, a las migraciones. La vida en la ciudad, que por esencia es el lugar de lo mestizo, por ejemplo, afirman, “implica e impone un proceso de apertura y de asunción de nuevos códigos, que se profundiza con el paso del tiempo y la superposición de generaciones”.
Lo mestizo, se puede decir, también es un campo de batalla entre lo indígena y “lo blanco”: “Desde una perspectiva geográfica territorial, vemos que la imposibilidad de hegemonías culturales indígenas del altiplano y blanco de Santa Cruz y Cochabamba impide la conformación de un centro étnico-cultural mestizo nacional”.
La identidad cambia con los años
Uno de los mayores méritos de la encuesta Auditoría de la democracia, dirigida por el profesor norteamericano Mitchell Seligson, es el seguimiento que hizo a los cambios de identidad y opinión de los bolivianos.
La Auditoría de la democracia se la realizó desde 1998, cada dos años; se tienen reportes de 1998, 2000, 2002, 2004 y 2006. Especialmente en el tema de la autoidentificación étnica (ser blanco o indígena), es significativa la comparación que se pudo construir al respecto (ver gráfico).
Tal como se puede ver en el esquema superior, desde el año 2000 la proporción de personas que se identifican como “blancas” cae sostenidamente, del 26% de los entrevistados al 11% en el 2006. Todo lo contrario sucede con la \'militancia\' por el “ser indígena”, que del 8,5% en el año 2000 asciende al 19% en el 2006, prácticamente doblando la cifra inicialmente registrada.
¿Cómo explicarse estos cambios de identidad? Para los autores de la Auditoría, aquí hay “un proceso muy claro de \'indigenización\' identitaria en el país, el cual parece ser correlato de una desvalorización de la identidad como blanco”.
Esto lleva a preguntarse sobre la verdadera naturaleza de las identidades. Al parecer, el debate de ser o no ser en cierta manera es improductivo, destacan los autores de la Auditoría. Por el contrario, plantean, “las identidades deben ser tomadas en cuenta no como compartimentos estancos, sino como construcciones sociales que son flexibles, fluidas y que cambian en el tiempo”. La identidad étnica depende de las condiciones particulares e históricamente determinadas del contexto social en el que los individuos se desenvuelven, finaliza la Auditoría.