En estos momentos en que está recrudeciendo el problema planteado en la Asamblea Constituyente para que la sede del gobierno se traslade a Sucre, cabe señalar primero, que la cuestión de la capital de Bolivia se inició con la fundación de la República. Así, la ley de 11 de agosto de 1825, que determinó el nombre del nuevo Estado como “República Bolívar”, señaló también que la capital del mismo se denominaría “Sucre”. Pero, no mencionó dónde estaría ubicada dicha capital. La Asamblea Deliberante, creadora de Bolivia, consideró más conveniente dejar ese trabajo a la siguiente asamblea, que se reuniría al año siguiente de 1826.
Pues bien, los representantes chuquisaqueños en la Asamblea Constituyente de 1826 trataron de convencer a los demás, de que la capital debería quedarse en la ciudad de La Plata o Chuquisaca, ya que durante toda la Colonia había sido la cabeza del Alto Perú. Pero no lo lograron y, para zanjar la cuestión, se decidió construir una nueva ciudad, dejando al Libertador Bolívar la facultad de elegir el lugar donde quedaría situada. Pero ladinamente, los chuquisaqueños obtuvieron que mientras se construyesen los edificios que abrigarían a los poderes Ejecutivo y Legislativo, “la capital permanezca en Chuquisaca”.
Sabiendo el Mariscal Sucre, Presidente de la República, que el Libertador Bolívar había anteladamente manifestado que la nueva capital debería estar muy cerca de la ciudad de Cochabamba, se apresuró a comunicarle que apenas recibida la confirmación de éste, daría orden para que se cortasen maderas y se prepararan todos los materiales necesarios, para iniciar la construcción de los edificios requeridos, con el fin de que se pudiera reunir el primer congreso constitucional el año 1828, en esa capital. Pero los graves problemas sufridos en sus últimos años de gobierno, le impidieron concretar este anhelo.
En lo que respecta al Mariscal Santa Cruz, éste consideró la posibilidad de trasladar la capital a Cochabamba. Pero cuando fue derrotado y derrumbada la Confederación Perú–Boliviana, se afianzó la sede de la capital en Chuquisaca.
De este modo, la Asamblea reunida en ese lugar, emitió la ley de 12 de julio de 1839, nunca derogada, que declara a la ciudad de Chuquisaca como capital efectiva de la República con la denominación de “Ciudad Sucre”. En ella se dispone además, que “el Gobierno mande construir los edificios que necesiten para su despacho los altos Poderes de la Nación”.
Como bien dice el historiador chuquisaqueño don Javier Mendoza, “el nuevo nombre de la ciudad y la declaratoria de Capital permanente no lograron que los presidentes de la incipiente nación se decidieran a gobernar desde Sucre”. En verdad, la sede de gobierno quedó en la grupa del caballo del Presidente de la República, ya que éste permanentemente debía viajar, junto con su ejército, de un lugar a otro para debelar las frecuentes asonadas y revoluciones.
En consecuencia, la hermosa ciudad de Sucre nunca fue verdaderamente la capital de Bolivia. Lo fue de nombre pero no en la realidad, pues los gobernantes del siglo diecinueve prefirieron residir en La Paz porque era la ciudad más poblada y más cercana al mar. Además, con la Revolución Federal, se consolidó la hegemonía paceña, manteniendo permanentemente en La Paz los poderes Ejecutivo y Legislativo.
Lamentablemente el departamento chuquisaqueño está situado muy a trasmano, fuera del eje central constituido por La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, y por lo tanto ni en el pasado, ni el presente ni en el futuro, la apacible Sucre puede ser sede del Poder Ejecutivo.
Como La Paz tampoco tiene derechos jurídicos para insistir tan vehementemente en mantener los dos mencionados poderes, lo lógico y lo patriótico sería llegar a una transacción: que en La Paz se mantenga el Poder Ejecutivo, y que sea trasladado a Sucre el Poder Legislativo. De este modo, la “ciudad de los cuatro nombres” y cuna de nuestra nacionalidad, podrá consagrarse como la capital oficial e histórica de Bolivia.
*Ramiro Prudencio Lizón es diplomático e historiador.
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