Los delitos de los que son víctimas los turistas que llegan a La Paz han puesto finalmente en movimiento a la Policía y al municipio. Las estadísticas del primer semestre del año que registraron hasta 50 casos de secuestros rápidos de visitantes, donde éstos sufrían golpes, vejámenes y el robo de dinero en efectivo y en cheques viajero, podrían retumbar con fuerza en la imagen de la ciudad y en la actividad turística local.
La Policía reveló, ante las actuales circunstancias de inseguridad, que en el país existen al menos unas seis bandas de delincuentes dedicados en exclusividad a atracar a turistas. Muchos de éstos serían sujetos peligrosos y con una acumulación de prontuario por acusaciones sobre delitos ligados al robo y al atraco armado.
A pesar de las conocidas debilidades de la institución del orden, en alianza con la Alcaldía de La Paz, se inició el fortalecimiento de la Policía Turística en la ciudad con la entrega de material, mobiliario y equipos. El hecho es relevante sólo en la medida que los miembros de la Policía Turística hagan su trabajo de resguardar la seguridad de los visitantes, evitando que se repitan denuncias hacia los efectivos de esa unidad por negligencia en sus servicios.
En esta tarea de garantizar la seguridad de los que visitan La Paz y, por ende, de resguardar la actividad turística, vale la pena que todos los agentes de turismo hagan los esfuerzos por advertir sobre los riesgos a los que se exponen los turistas y dotar de información preventiva sobre qué medidas de seguridad se deben tomar al visitar la ciudad.
Muchas ciudades en el mundo, y sin ir lejos en la región, ante un evidente potencial turístico han invertido tiempo, esfuerzos y recursos para preservar de todo peligro a la industria turística y a sus principales usuarios. Por ello es que ciudades como Cartagena de Indias en Colombia o Salta en Argentina usan como parte de sus campañas de mercadeo para atraer turistas el tema de la seguridad ciudadana.
Se debe apuntar entonces a ciudades seguras donde la comunidad rechace todo tipo de pillaje y delincuencia para que el turista tenga la confianza de visitar atractivos, caminar por la calle, tomar un transporte urbano, hacer transacciones comerciales y, finalmente, dormir tranquilo.