Iván Aguilar Murguía colecciona desde los 11 años publicaciones que están dedicadas al balompié. Cuenta con 3.000 ejemplares de la revista El Gráfico y con una vasta bibliografía sobre la historia del fútbol.
Texto: Javier Badani Ruiz Fotos: Pedro Laguna / Archivo Iván Aguilar
Una enciclopedia del fútbol se halla en la calle Indaburo Nº 1089. Rodeado de bocetos, maquetas y lápices, Iván Aguilar Murguía ha transformado su estudio arquitectónico en toda una fortaleza del balompié mundial.
Libros, revistas e imágenes, entre otros, dan vida a la biblioteca de Aguilar, un espacio que es visitado por periodistas deportivos, futbolistas y aficionados que escudriñan en sus estantes la historia de este deporte que, a finales del siglo XIX, llegó a Bolivia impulsado por los pies de los ingleses que llegaron a instalar las primeras líneas férreas.
“Dicen que ésta es la biblioteca del fútbol más grande del país”, se ufana este paceño de 60 años, quien se precia, además, de conocer al dedillo los episodios más significativos del fútbol nacional.
“¿Sabe quién fue el primer boliviano en salir a jugar al exterior?”, dispara. “¡La Flecha Andina, Vicente Arraya, pues! ¿Año?, 1944; ¿club?, el Atlanta argentino; ¿desempeño?, excelencia bajo los tres palos”, ilustra, cual si de un experimentado catedrático se tratara.
Una pasión llena de sacrificios
La vida de Iván Aguilar Murguía parece girar en torno de un balón. ¿El día más triste? “1965, cuando Boca Juniors remontó en La Paz el marcador 2-0 que favorecía a The Strongest. Al final nos vencieron por 3-2. Fue la única vez que lloré en un campo de fútbol. Después he sabido sopesar las derrotas”. ¿El más feliz? “1963, cuando Bolivia logró el título sudamericano”.
La pasión de Aguilar Murguía se inició a los nueve años, cuando se aventuró por sí solo a conocer el fútbol en el estadio Hernando Siles. Ese día, además, nació su amor por The Strongest. Desde entonces han sido contadas las ocasiones en las que ha dejado de asistir a los partidos de los aurinegros, de los que es dirigente hace unos 20 años.
Luego, desde los 11 años, este arquitecto comenzó a coleccionar revistas de fútbol nacionales como Litoral y Panorama, para lo cual se veía obligado a sacrificar su recreo. Posteriormente llegaron a sus manos las reconocidas publicaciones argentinas El Gráfico y Sports, las que su madre le guardó por cinco años en un cajón, mientras su hijo estudiaba arquitectura en Brasil.
Actualmente, Aguilar Murguía cuenta con 3.000 ejemplares de El Gráfico, una colección que es considerada la mayor del país y una de las más significativas de la región. Esta publicación, que salió a luz en 1919 y que cuenta con 4.500 números, es muy valorada por los coleccionistas deportivos. Cada década, el precio de los ejemplares antiguos suben su precio en cinco dólares, según este coleccionista.
A estas revistas se suman más de 200 libros que se centran en la historia del fútbol en Bolivia y en el mundo y que, en muchos casos, son de comienzos del siglo pasado. Destacan en la biblioteca las biografías de los principales equipos del planeta como Real Madrid (España), Palmeiras (Brasil), Colo Colo (Chile), Millonarios (Colombia) y Olimpia (Paraguay).
Secretario de Prensa del club The Strongest y editor de la revista Aurinegro —que nació en 1932 y dejó de publicarse en 1940—, Aguilar le roba tiempo a su apretada agenda para descubrir en las ferias de libros usados tesoros relacionados al fútbol. Así, por ejemplo, halló ediciones de 1925 de El Gráfico.
Pero conseguir la edición Nº 3706, de 1991, fue más complicado: le tomó toda una década. “La mañana que llegó este ejemplar a Bolivia desapareció como pan caliente. Era porque en la tapa aparecía Ramiro Chocolatín Castillo. Recién el 2001 pude hacerme traer desde Argentina este ejemplar”, masculla, mientras retira de su biblioteca el Libro de Oro de Boca Juniors, que le costó 80 dólares.
Periódicamente, los periodistas deportivos se acercan a su estudio para consultar las revistas y fotografías que están en su poder. La “biblia” del fútbol boliviano, de Felipe Murguía, o las ediciones de Panorama, dirigido por Mario Cucho Vargas —ambos de los años 60—, forman parte de los textos que dan luces sobre el desarrollo del balompié boliviano.
“Yo lamento mucho que la mayoría de los periodistas deportivos del país no saben ni \'pepa\' de la historia del fútbol. Su ignorancia es supina”, se queja Aguilar, quien ha publicado dos libros de fútbol. Actualmente se encuentra escribiendo una biografía de Víctor Agustín Ugarte y un libro sobre el centenario de The Strongest. Y con la meta de unir su pasión con su profesión, este arquitecto ha diseñado bocetos para estadios en Oruro y La Paz.
Con todo, Aguilar no duda en señalar que su pasión influyó en su vida personal. “Para mi ex esposa el fútbol era una mala palabra. No la culpo, cada noche tenía reuniones; un día de la Asociación paceña, otro del Atlético Alianza (club familiar), otro de la Asamblea del Deporte. Y los viernes, a preparar el partido del fin de semana”.
Pero mejor dejar atrás ese episodio para hablar de fútbol. “¿Sabía que hasta 1949 las camisetas no eran numeradas?” Los técnicos ingleses se quejaban de que los jugadores argentinos parecían todos iguales. \'¿No podríamos numerarlos para reconocerlos?\', pidieron. El resto es historia”, alecciona.