Los excesos en las intransigencias suelen jugar malas pasadas, con mayor razón en las relaciones internacionales. Han sido la causa de la mayor parte de las guerras que hubo y siguen habiendo en el mundo. Lo grave del caso es que se repiten de la manera más irracional. Este debe ser el origen de aquel proverbio de que sólo el hombre se tropieza dos veces en la misma piedra.
Algo de esto podría suceder con Bolivia, en el caso de que se incluya en la Constitución, que está en ciernes en la Asamblea Constituyente, la peregrina idea de ponerle el segundo candado a la salida al mar.
En más de 100 años de pretender recuperar el territorio marítimo perdido, una y otra vez se ha establecido que no depende de nuestra voluntad, menos de los derechos perdidos en una guerra. Lo único que ha quedado en evidencia es que Chile tiene la palabra final en este problema.
Naturalmente que no es justo ni es grato, pero esa es la única realidad. Lo demás es fantasía o tozudez en algo que no funcionó en 100 años y que tampoco ocurrirá en otros 100 años más. A menos que el mar lo recuperemos por las armas, tal como lo perdimos. ¿Estamos en condiciones de hacerlo? Ni remotamente. ¡Estamos a años luz del poderío bélico de Chile!
El segundo candado que se le pondría al mar es que se incluya en la Constitución el precepto de que Bolivia recupere una salida soberana al océano Pacífico. De ser así, cualquier otra solución sería anticonstitucional.
El primer candado lo pusieron Chile y Perú, en 1929. Y, lo peor es que Perú se llevó la llave. En la negociación marítima de los años 70, no la largó y seguro que seguirá haciendo lo mismo cuantas veces se presente el caso. El hecho es que no le falta la razón, cualquier otro país haría lo mismo, desde el momento en que de por medio esté su aspiración de recuperar el territorio que lo perdió ante Chile, aunque sea sólo por orgullo nacional.
La única posibilidad que tiene Bolivia de acceder al mar es obteniendo de Chile un enclave, como estuvo dispuesto a hacerlo en el 2002, en la negociación de los ex presidentes Jorge Quiroga y Ricardo Lagos, para que Bolivia construya un puerto por el que iba a salir el gas natural a los Estados Unidos y a México, mediante el proyecto LNG.
Insisto, una vez más. El enclave no tendría la soberanía de Bolivia, pero implícitamente sí, porque la concesión sería por 50 ó 90 años, renovables. La extensión del territorio sería de 600 a 1.000 hectáreas, espacio en el que se podría construir una ciudad, bajo total dominio de Bolivia. La conexión territorial entre el enclave y Bolivia está dada actualmente, porque hay libre tránsito entre los dos países, al punto en que hasta los pasaportes fueron suprimidos.
*Alberto Zuazo Nathes es periodista.
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