Esta es la tercera vez que repito la frase de mi maestro en pobretología, Amarthia Sen, premio Nobel de Economía ’98. “Ningún país del mundo se ha desarrollado sin que medie un incremento sustancial de los ingresos, las oportunidades y las libertades de su masa central de población”. No percibo que las medidas vistosas del Gobierno estén contribuyendo significativamente en esta dirección. Se observa, por el contrario, un germen de inflación con revaluación (el impuesto a los pobres), un ch’enko creciente en los precios de los alimentos y desabastecimiento de combustibles, entre otros síntomas macro.
En lo micro, la tabla de resultados económicos del departamento de La Paz, publicada a comienzos de semana, señala un panorama dramático. Para el departamento, incluyendo las ciudades, dos de cada tres son pobres, y cuando salimos al campo, lo bueno es un 85% de pobreza en los Yungas-Amazonia y un panorama oscuro en el altiplano y los valles con 95% a 98% de pobreza (por ingreso). Con seguridad, las cifras de las Necesidades Básicas Insatisfechas (agua realmente potable, disposición no contaminante de excretas, hacinamiento, salud, educación) no son mejores. Si este es el departamento estrella del altiplano, el diagnóstico es sencillo: ‘Bolivia experimenta una pobreza estructural profunda, la peor del continente’. Y si Amarthia tiene razón, no se está atacando la esencia del subdesarrollo boliviano: ¡la pobreza! El gas, las otras nacionalizaciones y hasta la futura Constitución son apenas ‘cantos de sirena’, ilusiones como las que llevaban a los navegantes hacia el naufragio. ¿Dónde están las nuevas oportunidades realistas de educación, comunicación o participación? Y más aún ¿dónde está la gran fuente distribuida de ingreso popular? ¿Qué milagro puede producir dos mil dólares anuales a un millón de familias?
Siento que en el contraste de 10% entre los Yungas-Amazonia y el resto del departamento está la clave. El café, el té, la coca, el cacao, la castaña hacen la diferencia. ¿Por qué? Porque son ‘productos de exportación con valor agregado’. La riqueza que TRAEN, queda en manos de la gente que los produce y no en las arcas de los burócratas mal o bien intencionados; esto es válido para el último cuarto de siglo.
Imagino una Bolivia que exporta cinco millones de sacos de café especial en vez de cien mil. Una que envía mil millones de dólares de habas orgánicas verdes, peladas y congeladas, en empaques con la marca y el código de barras de los supermercados japoneses que las venden a precio de oro. Una que satisface las necesidades de duraznos secos de Chile para saborizar sus yogures y helados de exportación posicionados en el mundo entero. Una que es la mayor proveedora de orégano y perejil orgánico secos de McCormick. Eso es desarrollo social, el rol del Estado, hacer que ocurra.
Jorge Zapp es consultor internacional.
Estatutos autonómicos de juguete
En su columna de La Razón, el jurisconsulto Alarcón acaba de ponerle un cherry a la inflación de confusiones en torno al poder normativo autonómico con su idea de que el Estatuto esté sujeto a una ley básica de descentralización.
Dependencia energética
Hoy la humanidad entera está frente a un gran desafío, cual es el de la seguridad en el suministro de energía y este será el tema más importante en las próximas décadas. La demanda energética global está proyectada para un crecimiento del 1,6% anual
Mirando un chispero
: “A Kiko, hombrecito terrible, cómo extrañamos tus eructos en los descansos, cómo nos reímos aquel jueves con el cuento del pirata...”
¿Se desmorona la política minera?
Los últimos acontecimientos desnudan algunas de las incongruencias y contradicciones que podrían desmoronar la política estatista del MAS.