No fui al cabildo porque independientemente de la propaganda, este acto se me antoja como lo menos paceño que puede haber. Y es que, tal vez equivocadamente, yo tengo un alto concepto de lo paceño. Tal vez me la he imaginado y no sea así, pero yo estaba seguro de que La Paz estaba más allá de los regionalismos, de la pequeña pelea local.
La Paz se proyectó genuinamente como una verdadera capital, y veló dentro de las magras posibilidades del país por el bien de toda Bolivia, no priorizó proyectos regionales. Hay muestras de ello, de La Paz salieron las rieles del ferrocarril a los Yungas para ser usadas en otro departamento, sin que hubiera mayor alboroto, La Paz postergó el proyecto azucarero de Buenaventura porque hubiera hecho competencia al azúcar camba. La primera carretera asfaltada del país, no se hizo en La Paz.
El siglo XX, que fue el siglo paceño, no creó un país hidrocefálico, como lo son el Perú, Chile, la Argentina y hasta el Paraguay. No es una casualidad que Bolivia tenga tres ciudades de un calibre similar, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, eso es parte de una política, que aunque pataleen los del comité cívico de Santa Cruz, no fue secantemente centralista.
El inicio de la capitalidad paceña fue fratricida, brutal y espeluznante, pero luego podemos decir que la ciudad del Illimani estuvo a la altura de las circunstancias, incluyendo el enredo de seguir llamando capital a la ciudad de los cuatro nombres. Y ahí va mi rechazo a este cabildo, porque de pronto como que se nos cae la máscara, de pronto, con la hipocresía propia de los tiempos, a nombre de la ´unidad nacional´ La Paz quiere imponerse por la fuerza o por la sinrazón, no se opone al cambio de sede de gobierno, se opone a que siquiera se discuta esa posibilidad. Y arguye contando cuentos multimillonarios de lo que costaría un traslado del Gobierno central, y lo peor, lo más vil, argumenta en el mejor estilo pinochetista, y se inventa la patraña de que en realidad La Paz siempre fue la capital, grita que el Palacio de Gobierno más antiguo es el de la plaza Murillo, y que sólo por equivocación Sucre fungió de capital por una breve temporada. Ser la capital es un gran negocio, y es legítimo que cada región quiera para sí ese empujoncito. Sucre, Santa Cruz, y otras zonas tienen tanto derecho como La Paz para pretender ganarse esa lotería. Es en el marco de la Asamblea Constituyente donde se tiene que discutir el tema. El cabildo del viernes pasado, no tiene nada que decir al respecto, y fue en realidad ya sea un acto de prepotencia, o un patético grito de ahogado. Tal vez toque hacer un referéndum para preguntar al Soberano desde dónde quiere ser gobernado.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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