En la presente semana se conmemorará el 186 aniversario de la independencia de la hermana nación peruana. En efecto, el 28 de julio de 1821, el general José de San Martín proclamó en Lima la independencia del Perú con un juramento que resumía los tres principios que consideraba base de todo poder político: el pueblo, la justicia y Dios. “El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende”.
Al recordar el aniversario del Perú, cabe efectuar una somera relación de la estrecha vinculación que permanentemente se ha mantenido entre bolivianos y peruanos. Para ello, se debe remarcar que durante largo tiempo el Alto y Bajo Perú conformaron una sola unidad política. Primeramente en el incanato y luego en los dos primeros siglos de la época colonial. Posteriormente, cuando los dos territorios se separaron con el establecimiento del Virreinato de Buenos Aires, las regiones del norte, La Paz, Oruro y Cochabamba, continuaron conservando un fuerte enlace con Tacna, Cuzco, Arequipa y Puno.
La Guerra de la Independencia que en primera instancia volvió a reunificar a los dos Perú con el decreto de anexión del virrey Abascal, terminó al final por consolidar su separación. Pero el anhelo de juntarse nuevamente no se perdió en mucho tiempo. Hubo varios intentos de federación, primeramente por iniciativa de Bolívar, luego con la Confederación Perú–Boliviana de 1837, y por último, con el Tratado de 11 de junio de 1880, que constituyó los Estados Unidos Perú–Bolivianos. Lamentablemente, la conquista y dominio de Lima y de otros centros vitales del Perú por las tropas chilenas, sepultaron este documento pese a haber sido aprobado por los dos congresos.
Ante la imposibilidad de reunificar el Alto y Bajo Perú, porque ya constituían dos Estados diferentes, en el siglo veinte se decidió modificar el utópico ideal confederativo por una política de mayor interrelación física y económica. Ella se inició con la construcción del ferrocarril de Guaqui a La Paz, que con el tiempo debía unirse al de Puno–Mollendo. Luego se firmaron convenios de libre tránsito irrestricto, y por último, se llevó a cabo la concesión de la zona franca industrial y turística en Ilo.
Pero para que exista una verdadera integración entre estos dos países de un común origen, falta todavía mucho por hacer. En primer lugar, es menester que se efectúe una verdadera habilitación del puerto de Ilo, el cual actualmente tiene muchas deficiencias, al extremo de que nuestros exportadores e importadores prefieren utilizar el de Matarani, pese a encontrarse más lejos de Bolivia. Asimismo que se amplíe la zona franca de Ilo con la concesión de una zona franca comercial, como originalmente se negoció.
El tiempo ha demostrado que una zona franca industrial en Ilo no es práctica ni conveniente para Bolivia. ¿Qué se podría fabricar allí? Además, ¿a quién se destinaría lo fabricado en Ilo si no es a nuestro propio país? Por lo tanto, se llegaría a la absurda situación de que Bolivia instalaría industrias fuera del país para luego vender sus productos dentro de él.
Es importante hacer comprender al Gobierno peruano que sin la mencionada zona comercial, el puerto de Ilo no tiene significación para Bolivia. Además, sería verdaderamente un gran paso integrador si se nos confiriese allí una estación naval para que la Fuerza Naval Boliviana pudiese acceder al océano Pacífico.
Actualmente gobierna el Perú un gran amigo de Bolivia como es don Alan García, y también tenemos aquí un embajador de ese país, don Fernando Rojas, muy preocupado por buscar la más estrecha relación entre los dos Estados. Pues bien, es un momento propicio para concretar negociaciones realmente constructivas que acerquen a los dos países.
Cuando se alcancen los objetivos señalados, la presencia boliviana en el mar peruano se intensificará grandemente, lo que determinará que el sur peruano y el norte boliviano mantengan en el futuro un estrecho y permanente nexo, y de este modo, se llegue prontamente a una verdadera y auténtica integración física y económica, tal como lo anhelan los hermanos pueblos de Bolivia y Perú.
*Ramiro Prudencio Lizón es diplomático e historiador.
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