Lo malo de haber estado metido en política alguna vez, es que de allí en adelante no queda en uno resquicio para la ingenuidad. Peor aún cuando se ha tenido que lidiar con la política fea, con esa desprovista de convicciones ideológicas, con la política instrumental de intereses y privilegios de grupo, con la del poder por el poder, con la de la maniobra marketinera, la política de los titiriteros, la más fea entre las feas: la que está convencida de que ésa es la única manera; en fin, la política que nos llegó a casi todos al copete y que hoy tratamos de desterrar.
Lo bueno, por ponerlo de alguna manera, es que conociéndolos, al momento de leer las coyunturas, se puede intuir por dónde viene la mano. A la actual coyuntura le siento ese tufillo sospechoso y es más, la encuentro forzada, gratuita, y por supuesto, malintencionada. No me explico de otra manera el hecho de que, como por arte de magia, nos encontremos súbitamente en una espiral de provocaciones y agresiones alrededor de un tema sacado de la manga. Y es que usted se habrá dado cuenta de que no hace falta ser un gran analista para descubrir que el asunto de la capitalidad no amerita ningún tipo de pasión, y menos de histeria, porque sencillamente no es parte de la querella política en desarrollo.
Me temo que lo que ha ocurrido es que, a algún vivillo se le ocurrió que la mejor manera de patear el tablero era encendiendo la mecha de un conflicto regional que tuviera el suficiente potencial como para enturbiar y descomponer el proceso constituyente. Habrá que admitir que la triquiñuela no es moco de pavo y que, en mayor o menor grado, todos hemos caído en la trampa. Más allá de las masivas movilizaciones en La Paz y Sucre, que ofrecen distintos grados de interpretación política, el hecho es que estamos respondiendo a una provocación, y además lo estamos haciendo de acuerdo al libreto de los provocadores. Paceños y chuquisaqueños nos hemos metido de cabeza en el jueguito de la sede, desplegando toda nuestra fuerza en la dirección equivocada, mientras los promotores del conflicto instrumentalizan nuestra energía para beneficio propio.
Porque vamos a ver, no hay quién crea que la idea del retorno de los tres poderes del Estado haya sido idea de los chuquisaqueños. Sin el afán de ofender la sensibilidad de los capitalinos, convengamos en que está clarísimo que la ocurrencia viene de un soplo al oído proveniente de los “cívicos” de la media luna. La pregunta del millón, que en este caso podría ser la pregunta de los dos millones, es el porqué haber activado este tema en las actuales circunstancias.
Por el grado de irresponsabilidad de la maniobra, daría la impresión de que se trata de un intento desesperado de frenar el avance de la Asamblea Constituyente. Como tampoco es casualidad que una vez servido el caldo de cultivo de la pugna regional generalizada, la derecha conservadora remate el escenario en el Congreso con condicionamientos políticos para la ampliación del plazo de trabajo de la Asamblea.
Todo indica que estamos ante a un nuevo intento reaccionario de los poderes constituidos frente a los poderes constituyentes, parcialmente representados en la Asamblea. Una nueva batalla, esta vez de consecuencias imprevisibles, en la larga e imperfecta lucha por cambios estructurales, y en la que los inminentes resultados de la Asamblea Constituyente, al parecer, han adquirido calidad de amenaza mortal para los que todavía creen que nada debe cambiar.
*Ilya Fortún es comunicador social.
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