Desde la instalación de la Asamblea, se apostó al concurso de las mujeres asambleístas para lograr un cambio en la historia del país, traducido en la garantía, desde la Constitución, del ejercicio de los derechos de las mujeres superando, de esta manera, el modelo androcéntrico de derechos hasta ahora asumido.
La propuesta nacional de quienes son parte y aliadas del Movimiento de Mujeres Presentes en la Historia, ha formado parte de una agenda de trabajo intenso y multifacético, pero rico en discusión con las asambleístas de las diferentes comisiones. Posiciones partidarias, de clase y morales, mediaron en las pláticas sostenidas; pero primó el reconocerse mujeres y aliadas en este proceso de cambio que convoca más allá de estas diferencias.
El trabajo con asambleístas hombres no estuvo ausente, el debate ideológico permitió —con muchos— la re-conceptualización de temas como el reconocimiento del trabajo doméstico, hasta ahora realizado por las mujeres y la importancia de la democratización del mismo al interior de los hogares.
Por lo que después de la presentación de informes de comisiones, corresponde decir que en los documentos de consensos y en los informes aprobados por mayoría se han incorporado artículos que, de ser mantenidos hasta el texto final, permitirán concluir que se hizo justicia con las mujeres.
Que la nueva Constitución incorpore equidad e igualdad entre hombres y mujeres como bases fundamentales del Estado y garantice en un marco de derechos humanos, la no discriminación y la no violencia a las mujeres tanto en el espacio público como privado, permitirá romper con paradigmas patriarcales de exclusión y subordinación en las relaciones de género, en busca de una sociedad más justa y democrática.
Tan importante como lo anterior, es que se puedan ratificar los derechos sexuales y reproductivos para hombres y mujeres, el respeto y la garantía para que las mujeres puedan decidir sobre sus cuerpos, sobre su reproducción y también sobre su sexualidad. El derecho a la vida, con acceso a la educación, salud, trabajo y vivienda dignos, sin discriminación.
Ahora, en los procesos de reconocimiento de paternidad, corresponderá al presunto padre la carga de la prueba, constituyéndose en un asunto de interés público que debe ser protegido por ley.
Saludamos también el reconocimiento del derecho de las mujeres a la titularidad de la tierra sin discriminación por estado civil o unión conyugal, lo que principalmente favorece a mujeres del campo. Por último, el que en la elección de nuestros/as futuros/as representantes se garantice la paridad y alternancia entre hombres y mujeres.
Confiamos y seguiremos vigilantes al trabajo en la Asamblea, mujeres de organizaciones sociales, feministas y por supuesto, mujeres asambleístas que han demostrado la posibilidad de construir un nuevo país con justicia para mujeres y hombres.
* Elba Zeballos es parte del Movimiento de Mujeres Presentes en la Historia.
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