“Ya éramos muchos y parió la abuela”. Este simpático refrán castellano lo aplico a un síndrome particular de ciertos políticos, de enredar todavía más los problemas ya existentes y provocar unos más complicados. Pues sí: lo habitual era celebrar todos los años el Día de las Fuerzas Armadas en la ciudad de La Paz, sede del Gobierno nacional (¿Hasta cuándo?). Este año, las autoridades del Palacio Quemado han querido ejecutar la dudosa pirueta de trasladar la parada militar a Santa Cruz de la Sierra. ¡Qué gran novedad para la capital oriental¡ ¡Qué espectacular regocijo de grandes y chicos el ver desfilar con paso de parada a los jóvenes cadetes de las tres armas al son de brillantes marchas militares! Patriotismo a chorros.
Pues bien: la cosa no es tan inocua como parece. La intención del Gobierno es hacer sentir a los cruceños, por la vía del espectáculo castrense, que las FFAA están prontas a ocupar militarmente la ciudad y toda la “media luna”, si es preciso, —como lo hicieron con las instalaciones de las empresas petroleras el día de la nacionalización— si las autoridades departamentales y pueblo en general se pasan de la raya en eso de la autonomía de facto. Al Gobierno hacia el socialismo comunitario no le agrada perder poder sobre las regiones. Paradójicamente, ama el centralismo como cualquier régimen conservador decimonónico o como cualquier sistema autoritario.
La cosa se complica todavía más cuando el Gobierno programa el desfile de 36 pueblos indígenas como amenazantes milicias —los ponchos rojos, según el Sr. Vicepresidente— que llegarán a la capital oriental con el fin de mostrar su fuerza con ocasión del controvertido desfile. La misma delegada presidencial en Santa Cruz declaró que procurará que no se produzcan enfrentamientos. Ella misma reconoce que podrían producirse. No es imposible, dada la existencia de grupos radicales, tanto “racistas como separatistas”, cariñosos adjetivos utilizados por el Sr. Vicepresidente. ¿Por qué entonces poner las condiciones para que estallen posibles confrontaciones? Se me dirá que el año pasado se celebró el desfile del 7 de agosto en Sucre y no pasó nada ingrato. Pero recuérdese también que no existían las tensiones que hoy se dan especialmente en Santa Cruz.
Frente a esta compleja orquestación de las rivalidades regionales, envenenadas por la política, el pasado viernes, la Iglesia Católica convocó a sus fieles así como a los miembros de otras confesiones a unirse en oración por la paz y la unidad, sobreponiendo el amor y el servicio a los demás, tal como lo proclamó el viernes pasado el Cardenal en la Catedral cruceña y los demás obispos en sus sedes.
Hay que desear que la oración de todo un pueblo llegue a mover los corazones y las voluntades de quienes tienen la grave responsabilidad de regir los destinos del país con justicia y prudencia en estos momentos de tensiones ponzoñosas. Aunque, si quiere Ud. que le sea sincero, yo no creo que los buenos y desinteresados consejos de la Iglesia les mueva un pelo a esos señores. De hecho, el Presidente repartió cheques venezolanos a los comandantes militares, y por otro lado se están preparando los milicianos que van a inquietar en Santa Cruz: comprobado.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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