Cada día el Banco Central está apreciando el boliviano en relación al dólar. Por los síntomas que se observan en la actual situación macroeconómica, estamos contrayendo, lo que técnicamente se conoce como la enfermedad holandesa, un mal económico que penetra al organismo productivo a través de la apreciación del tipo de cambio y puede tener serias consecuencias sobre la incipiente industria nacional, especialmente la que exporta. Para ilustrar este problema contaré una tierna fábula. Cualquier semejanza con la realidad no es mera coincidencia.
Con las debidas disculpas por la sobresimplificación, el relato de la fábula de la enfermedad holandesa es el siguiente: En una lejana región del mundo se situaba el país de Evolandia, cuya economía tenía sólo tres sectores. El sector de los recursos naturales (gas natural y minerales), totalmente volcado al exterior, y produciendo bienes transables (aquellos que pueden ser exportados). El sector de la construcción que solamente producía casas para los residentes de Evolandia, es decir, una industria que producía bienes no transables (bienes que son muy difíciles de exportar). Y, finalmente, el sector industrial también productor de bienes transables. En este último caso, las empresas producían camisas de algodón que en su mayoría se vendían en el exterior.
Un bello día en Evolandia comienzan a llover dólares como resultado de un boom de exportaciones de gas natural y minerales. Las exportaciones de estos recursos naturales son el sustento de los evolandeses. Además, los nativos de este bello país, viven de las remesas que mandan los parientes que se fueron a tierras lejanas en busca de mejores días y de empleo. Todas estas entradas de divisas producen un veranillo económico en las heladas tierras de Evolandia.
Obviamente, grupos de evolandeses privilegiados y vinculados directa e indirectamente al negocio de la exportación de los recursos naturales ven que sus ingresos aumentan. Aprovechando el periodo de vacas gordas, deciden comprar preciosas casas y otros bienes y servicios que sólo se venden en el mercado interno. Todos festejan la bonanza. Se produce un exceso de demanda de casas y otros bienes no transables y por supuesto los precios aumentan. Precios altos de bienes y servicios no transables y exceso de dólares producen una apreciación del tipo de cambio real. Es decir, que se necesitan menos gasoles (la moneda local) para comprar un dólar o que con los mismos gasoles con los que se compraba un dólar, se compran menos bienes transables. Por supuesto, se disparan las compras de bienes importados, siendo que muchos de ellos entran de contrabando. Vía apreciación cambiaria y competencia desleal de productos importados, se produce el primer toconazo a las canillas de la industria de camisas local.
Además, al otro lado del bosque, los productos de la incipiente industria de Evolandia que están destinados al mercado externo son cada vez más caros para los consumidores de otros países. En cristiano, los dolarachos de los gringos cada vez cuestan menos, antes de la apreciación, un Washington se podía cambiar por 8 gasoles, ahora, el mismo verde sólo equivale a 7,87 gasoles. Nuestro productos se encarecen para los foráneos. En otras palabras, la apreciación del tipo de cambio reduce la competitividad de las camisas evolandeses en el mercado internacional, lo que da origen al segundo huaracazo a la industria de camisitas. Las autoridades económicas de Evolandia se empeñan en negar este fenómeno y muestran datos de que el tipo de cambio multilateral sigue competitivo, pero sus argumentaciones confirman el viejo adagio evolandés, las estadísticas son como los bikinis, muestran mucho pero ocultan lo esencial. Para ver la competitividad de las camisas de nuestra fábula económica, tenemos que mostrar el tipo de cambio real bilateral con el mercado al cual se dirigen las camisas, que es Gringolandia. Habría que calcular, también, el tipo de cambio de los recursos naturales cuyos precios internacionales están por los cielos y el tipo de cambio real de productos manufacturados, cuyos precios externos no aumentan mucho y además enfrentan costos de bienes y servicios nacionales más caros. No se puede medir la competitividad de la misma manera, las camisitas no son iguales que las tisidas de la Pachamama.
Pero la fábula no termina aquí. Los sectores de recursos naturales (minería y gas) y de la construcción, en auge económico, contratan cada vez más trabajadores y profesionales con avales. La mano de obra tiende a concentrarse en el sector exportador de recursos naturales y en la construcción. Sólo las personas menos calificadas, que a estas alturas ya son muy pocas, se quedan para fabricar camisas de algodón. En la industria de transables (las empresas de camisas), disminuye la productividad media. Este es el tercer piñazo a la producción nacional que la deja en la lona.
La apreciación del tipo de cambio real y la relocalización de la mano de obra hacia los sectores de recursos naturales, que pagan mejor, comienzan a estrangular a la industria de Evolandia.
Pero otro bello día, el gas se hace gas y el mineral se lo lleva el Tío, porque son recursos no renovables, y los evolandeses despiertan del espejismo y se enteran que habían sido víctimas de un virus holandés que redujo sus otros sectores económicos al mínimo. Crecieron en el corto plazo, pero casi destruyeron su incipiente industria y colorín colorado este país se ha acabado. Moraleja: el futuro se hizo gas y nos dejó con una mano adelante y otra atrás, y la industrialización tan deseada por las autoridades del Evolandia se queda a llenar alguna otra estrategia de desarrollo del futuro. La revolución de la producción, una vez más, es vencida por la maldición de los recursos naturales.
*Gonzalo Chávez es economista.
Cuidado con los cabildos
La moda de los cabildos está cundiendo en el país. Pero sería bueno que quienes los organizan tomen algunas precauciones.
Fuerzas Armadas y milicias
“Ya éramos muchos y parió la abuela”. Este simpático refrán castellano lo aplico a un síndrome particular de ciertos políticos, de enredar todavía más los problemas ya existentes y provocar unos más complicados.
Clausurar la Asamblea
La Asamblea Constituyente ha tocado fondo, es la fuente de los enfrentamientos entre los bolivianos, dividirá al país, nos puede llevar a una guerra civil, acabará con la poca institucionalidad estatal
Lengua o lenguas oficiales
En vísperas de la nueva Constitución, unos piden treinta y tantas lenguas oficiales, otros siguen aferrándose a sólo el castellano. Bailan las cifras, distorsionadas a veces en busca de titulares sensacionalistas a favor de una u otra causa.
Intimidad de los Príncipes
El semanario satírico español El Jueves publicó la semana pasada en su carátula una viñeta de los Príncipes de Asturias desnudos y haciendo el amor a la vez que él comentaba con vulgaridad la posibilidad de que ella quedara embarazada