El distribuidor de la Ceja se convirtió en un cuello de botella El tráfico vehicular en el lugar, de unos 100 metros de longitud, es lento; para pasar de un extremo a otro del puente se requiere al menos de 30 minutos. Los puestos de venta y el transporte se apropiaron del lugar.
CONGESTIONAMIENTO VEHICULAR • El carril que va a la avenida Juan Pablo II está casi siempre lleno de vehículos; pasar al otro lado toma a los choferes de 30 a 40 minutos.
Los puestos de venta de llauchas, salteñas, libros, dulces, fruta y otros productos se entremezclan con medio centenar de minibuses y micros que aguardan pasajeros en pleno distribuidor de la Ceja, lo que impide que el tráfico vehicular sea fluido en el área.
A diario, casi 200 vendedores y centenares de vehículos, por turnos, se apropian de aceras y calzadas que conectan o pasan por el distribuidor alteño. Los agentes de Tránsito y gendarmes de la Alcaldía no lograron, a la fecha, ordenar el tráfico vehicular ni sacar a los comerciantes; por ello el tramo se volvió en uno de los más conflictivos de la ciudad.
Hace más de dos años la Alcaldía alteña entregó la primera fase del distribuidor de la Ceja; su construcción debía aliviar el embotellamiento del lugar, reordenar a los vendedores y mejorar el panorama con áreas verdes.
El miércoles se observó, por una hora, el comportamiento de los gremiales y conductores que pasan o se quedan en el área. Los vehículos que llegan de la ciudad de La Paz, por la avenida Naciones Unidas, y se trasladan a las zonas del norte alteño, tardan entre 30 a 40 minutos para atravesar un espacio de 100 metros.
El embotellamiento de vehículos empieza desde el final de las Naciones Unidas, a la altura de los rieles. Los vehículos que tratan de pasar a la avenida Juan Pablo II deben evitar los puestos de venta fija y ambulantes y a las líneas de minibuses que se quedan en la calzada hasta llenarse de pasajeros.
Entre la larga fila de mujeres que ofertan llauchas, salteñas, libros, frutas, dulces, juguetes, banderas se impone la presencia robusta de doña Justa Huayta, “no tenemos otro lugar donde vender como éste, además tenemos derecho a ganarnos el pan, así que no nos moveremos por nada”, señaló.
La fuerza de este sector, que según la Federación de Gremiales de El Alto aglutina a unos 100.000 vendedores, permite que se asienten donde ellos quieren, pues las autoridades y los vecinos salieron mal parados cuando trataron de hacerles frente.
Con la seguridad de que no les sacarán del lugar, los comerciantes, además de apropiarse de las aceras, tomaron de a poco la calzada y ahora compiten por espacios con el transporte público.
El miércoles, los conductores de 58 minibuses y 5 buses, contribuyeron al embotellamiento estacionando sus coches en medio de la vía y dejando que los voceadores anuncien sus destinos. Los gritos de los adolescentes y niños se confunden con las bocinas de los coches, lo que hace del área un lugar de estrés.
Tampoco faltan los choferes que tratan de usar el carril que va a la avenida Juan Pablo II como pista de carrera, donde a diario se presentan choques entre los vehículos, pese a que dos uniformados de Tránsito tratan, tímidamente, de agilizar la circulación en el sector.
“Es normal que el Tránsito ni venga por aquí, tienen miedo a que los choferes se enojen y los maltraten, prefieren irse a controlar a la 6 de Marzo”, dijo Juan Ticona, chofer de minibús.
Los pocos semáforos y las señales de tránsito casi descoloridas o destrozadas son ignoradas por los conductores que pasan de una calle a otra cuando aún la luz está en rojo.
“No se puede cruzar y si lo hacemos nos exponemos a que nos atropellen los vehículos o que los vendedores nos griten porque estamos pisando sus puestos”, se quejó María Núñez.
“Cómo vamos a ordenar este lugar, si cada día peleamos con los choferes que invaden los carriles y se chocan como si nada, de paso los peatones cruzan por cualquier lado arriesgándose a ser atropellados”, explicó Teodoro Quispe, oficial de Tránsito.
Sobre este tema, las autoridades de la Alcaldía de El Alto reconocen que es para ellos difícil resolver el embotellamiento vehicular y reconocen que el distribuidor no cumple el objetivo con el que fue construido.
Los asentamientos
Vendedores • 37 puestos de llaucheras se asentaron sobre aceras y calzadas. En 19 lugares se comercializa salteñas, también existe un minimercado, saliendo la Naciones Unidas, con 56 gremiales, ocho personas venden frutas, 10 lugares ofrecen pan, 13 son de juguetes, 18 venden libros usados y material de escritorio.
Lustrabotas • 15 lustrabotas ocupan la acera de la plaza Cívica, cinco tienen puestos fijos y 10 deambulan con sus cajas por el sector, mientras que en el distribuidor se colocan a la fila más de una veintena.
Carteles • Hay varios colocados en la acera, algunos ofertan comidas de los puestos callejeros del lugar, otros son de publicidad o de los baños públicos que están cerca.