El embajador de Colombia en Bolivia, Édgar Papamija Diajo, y su esposa, la señora Aura de Papamija, recibieron a cientos de invitados en el salón Tiwanaku del hotel Radisson para festejar un nuevo aniversario de la Independencia de Colombia.
A la entrada del lugar, personas ataviadas con trajes típicos de esa tierra recibieron a los asistentes. Luego, el embajador invitó a degustar el buffet de sabores criollos que especialmente se preparó para esa noche de amarillo, azul y rojo.
Como era de esperarse, la velada tuvo una degustación del aromático café y un brindis con aguardiente servido en pequeñas vasijas de madera.
Una de las virtudes de Colombia, que ha destacado en diferentes ocasiones Papamija y sabe quien ha visitado la tierra antioqueña, es la amabilidad y alegría de su gente. Y eso se vio esa noche, porque no sólo los residentes colombianos se animaron con la música y la voz de Anabella, sino que contagiaron la cadencia de la cumbia, el merengue y otros ritmos sabrosones a todos los asistentes.
Nadie pasó de largo la pista de baile. Muchos de los miembros del cuerpo diplomático fueron los más entusiastas al hacer divertidas coreografías junto a empresarios, artistas, representantes de medios y muchos amigos.
Así, y en el afán de que los invitados se sientan parte de la cultura de la que orgullosamente habla el embajador y su esposa, ellos repartieron sombreros y ponchos, siempre con la tricolor colombiana, logrando casi uniformar a todos.
Sin duda, la música y el buen ambiente amistoso favorecieron a que la fiesta sea hasta más de la medianoche.