El 6 de agosto del 2007 se celebran 182 años de la creación de Bolivia. Su historia va más atrás. Si bien escarceos iniciales de Pizarro, Almagro y Luque de explorar el Perú habían tenido lugar tres siglos antes, recién el 21 de mayo de 1534, una Real Cédula cedió a Diego de Almagro 100 leguas al este y el sur de las concesiones a Francisco Pizarro. Incluía altiplano, valles, llanos, selvas y costa del Pacífico, que sucesivamente se llamaron Nueva Toledo, Charcas y Bolivia.
Sugestivo es que sus primeros 30 años fueron de conflictos de poder entre Diego de Almagro y Gonzalo Pizarro, que quizá dieron respiro a pesados tributos que pagaban al Inca, los pobladores de la parte occidental de lo que es Bolivia. Hasta que la plata de Potosí afloró, e hizo necesario reactivar la leva de mitayos, que ya existía, pero ahora con destino a los socavones.
La historia del oriente es diferente. A las invasiones de guaraníes en pos de la tierra del metal, siguieron adelantados de Asunción y Lima que buscaban el Paitití, que no era otra cosa que la cultura mojeña que domeñó el ciclo anual de inundaciones en los llanos, con lomeríos fertilizados con prolífico jacinto de agua.
El año 1560 se inicia la fusión del Collasuyo con la mitad colonizada por Ñuflo de Chávez para configurar lo que hoy es Bolivia, dice Vásquez Machicado. Santa Cruz de la Sierra, fundada en 1561, fue nodo de irradiación nacional hacia el sur chiriguano y el norte chiquitano y mojeño. Luego vino el interludio jesuítico. Sería vicio historicista tildar de socialista, a la Baudin, a las laboriosas comunidades indígenas juntadas por los Jesuitas. Pero es ejemplar que los padres propiciaran una língua geral, en vez de la necedad de declarar oficiales a más de treinta lenguas del oriente.
Subrayo a los atolondrados de los 500 años de sufrir, que 473 años después, Bolivia se debate en conflictos entre hermanos, hoy fomentados desde el Palacio de Gobierno, no sé si el Quemado o el de Miraflores, que no es el barrio de La Paz, sino el de Caracas. La inquietud sobre una democracia de pactos y componendas, a veces poco éticos, eligió por mayoría a Evo Morales. Con tal mandato y un sistemático ajuste de la tuerca totalitaria, se propone cambiar el país, no a imagen y semejanza suya, que poco talla por su chatura y la pobreza de Bolivia, sino copiando la del caudillo venezolano con billetera de $30 mil millones anuales de petrodólares.
Tal es acotación a las sandeces étnicas en papel de envolver de sociologismos trasnochados. Redoblo el tambor de que a título de cambio, se trueca el ideal de la unidad en la diversidad de la actual Constitución, por un engaño plurinacional evocador de reservas indias para 34 dizque etnias, la mayoría del oriente, pero también otras subyugadas por los aymara (Urus, Chipayas y Muratos), o reducidas a rol subalterno, como algunos enclaves quechuas y afrobolivianos.
Entonces, todo el embrollo boliviano no es cosa de reivindicar a los indígenas, sino cuestión de poder. Basta recordar la petulancia de García Linera, quien dijo que si bien ahora tenían el gobierno, faltaba copar el poder político. Para prorrogarse por medio siglo, moldear el país en obsoleta utopía. La propuesta de reelección ilimitada apunta en tal sentido.
Un amigo matemático, que no requiere 25.000 libros para tener sentido común, tranquiliza al sugerir una idea un poco cínica, y otra provocativa. Marca mis palabras, dijo, al final todo cambiará para seguir igual. ¿Y la patria?, dije yo. Bien gracias, jodida como siempre. Pero a la ‘media luna’, dijo después, se debe que haya despertado la conciencia de grupo de los sectores medios del país.
Postulo que la mayoría de los temas que hoy confunden, son parte de una estrategia de fuegos de artificio para encandilar a la opinión pública. T\'aras y k\'aras siempre habrá en tanto haya prejuicios. La mayoría de bolivianos es mestiza; la dualidad indígena-blanco es mentira fabricada por los que dividen en vez de sumar, para multiplicar rédito político. Los angelitos de volver al Estado-empresario, enfrentados a los diablillos neoliberales que tienen la culpa de todo, son desmemoriados magos de feria pueblerina. Atizar el regionalismo es obtuso, porque la diversidad ecológica de Bolivia viene pareada con una gama de tipos humanos: hoy son cambas, collas y chapacos; mañana se sumarán amazónicos, chaqueños y yungueños.
Es ridículo atrincherarse en un centralismo contrario a las autonomías departamentales, cuando con autoridades regionales se logra mejor gobierno. Más insidioso aún es contraponerles autonomías provinciales o indígenas: la descentralización administrativa, proceso en consolidación, carga con cientos de procesos a ediles provinciales, para quienes los recursos de la Participación Popular han sido bolsa abierta para manejo doloso o malgasto, sin que aún haya fraguado con éxito la Ley Safco.
Que los sociólogos analicen la acelerada urbanización de estos años: un altiplano que se vacía hacia El Alto; oriundos de Cochabamba, La Paz, Oruro y Potosí que forman multitudinarias colonias en Santa Cruz de la Sierra. Ahí yace el partir de aguas de un referéndum sobre dos visiones de país. Una, el espejismo del indigenismo involutivo, anclado en el centralismo occidental y la oclocracia. Otra, en ese oriente boliviano donde se fragua un país de libre empresa, proactivo, autónomo, productivo y competitivo.
Se vislumbra el resultado de tal referéndum en que hoy votan con la migración interna y externa los bolivianos: Santa Cruz será el departamento más poblado del país. La capital, Santa Cruz de la Sierra, con 2 millones de habitantes de aquí a poco, junto a 3 millones de emigrantes a otras tierras, demuestran que los bolivianos somos gente de trabajo, no de payasadas étnicas ni experimentos políticos copiados de afuera.
*Winston Estremadoiro es antropólogo.
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Entre las vivencias más gratificantes que forman parte de mi cotidianidad está la de ir a la caza de vibraciones sonoras producidas por el aparato fonador humano (con el concurso de otros puntos del cuerpo, eventualmente)
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La política exterior de Bolivia desde enero del 2005 se ha caracterizado por el desarrollo de vínculos con Cuba y una indisimulada sumisión a Hugo Chávez. Pero es el decidido acercamiento con Chile el que marca una tendencia sorprendente.
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