El ministro chileno de Energía, Marcelo Tokman, se fue decepcionado de Bolivia pero decidido a devolver el golpe. Vino para hablar del gas pero el Gobierno boliviano le dijo que el tema no estaba en la agenda, porque la prioridad en este momento es atender la demanda interna.
Tokman demoró un poco en reaccionar y desde Santiago devolvió el golpe: dijo que no habló del gas con las autoridades bolivianas porque, sencillamente, Bolivia está ahora enfrentando una crisis de producción. En pocas palabras, que no habló con Bolivia sobre el gas porque Bolivia no tiene gas para entregar. La pura verdad.
La dureza de la reacción del ministro chileno correspondió a la torpeza del cambio de la agenda por parte del Gobierno boliviano. Él vino como respuesta a una invitación hecha por el propio presidente Morales para que la empresa estatal ENAP se asocie con YPFB en la exploración y explotación de hidrocarburos en el país. Por eso mismo vino acompañado por el presidente de ENAP, Enrique Dávila. Pero a su llegada a La Paz, como dijo con sorpresa el diario chileno La Hora, se encontró con que había fracasado en su misión sin haber bajado del avión, porque el Gobierno boliviano había decidido no hablar del gas.
Lo que pasó es que el Gobierno boliviano optó por no hacer nuevos compromisos de venta de gas a futuro, no solamente porque no tiene certeza de que se vaya a producir el volumen suficiente, sino porque le pareció muy poco político hacer un anuncio semejante cuando hay escasez de gas para La Paz y para Tarija. Y quizá tuvo algún escrúpulo, a la idea de ofrecer gas a Chile ante un electorado que hace cuatro años eligió que Bolivia pierda el negocio de vender gas a Estados Unidos sólo porque el tubo debía pasar por un puerto controlado por chilenos.
Aparte de las razones políticas e históricas, la verdad es que Bolivia no tiene gas para comprometer ahora, ni siquiera en nombre de un acercamiento a Chile que muchos bolivianos consideran un entreguismo gratuito.
El Gobierno boliviano está angustiado por la falta de inversiones en el sector petrolero. YPFB, que ha quedado en control de todo el negocio, no quiere asumir la responsabilidad de suscribir los contratos de entrega a Brasil y Argentina, y está pidiendo a las empresas que lo hagan. Por supuesto que las empresas dicen que en su calidad de simples prestadoras de servicios no pueden tomar esa responsabilidad.
Y los plazos se están acercando. La única posibilidad de que Bolivia se libere de pagar el castigo por la falta de cumplimiento de contrato (delivery or pay) es que Argentina no tenga listo el gasoducto para recibir los nuevos volúmenes. Menos mal que, en algunas cosas, el Gobierno argentino es tan caótico como el boliviano y hay indicios de que la construcción del gasoducto está demorada.
Para atender las obligaciones con el mercado interno y con las exportaciones, hace falta duplicar la producción actual, que es de 41.000 metros cúbicos por día. Para eso se necesita invertir por lo menos 4.000 millones de dólares.
Hugo Chávez volverá, en estos días, a ofrecer inversiones de PDVSA, pero ya nadie le cree.
La inversión no llega y pronto no serán sólo los chilenos los decepcionados por la falta de gas boliviano.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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