Decenas de mallas rosadas y negras corren por la casona antigua de la calle Indaburo. Allí, la directora de la escuela, Daniela Ruesgas, muestra el trabajo que se renueva a diario en las aulas.
Texto: Miguel Vargas Saldías • Fotos: Pablo Alanes
Una pila de documentos se despachan con rapidez desde su escritorio. El teléfono suena varias veces mientras los padres de familia esperan en la puerta de su oficina para poder hablar con ella. Luego de atender sus asuntos, y sin dar señales de fatiga, Daniela Ruesgas abre la puerta de su despacho como directora de la Escuela del Ballet Oficial de Bolivia. A pesar de ocupar un cargo ejecutivo, la elegante rectitud de su espalda y un terso semblante la delatan. Que su título de sicóloga no engañe al lector: ella es, más que nada, una balletista.
En la calle Indaburo 745, una antigua casona esconde el refugio de la danza. En silencio, aunque alborotada, una hilera de niñas llega hasta el segundo piso del edificio con las mochilas a cuestas y un moño zumbando en cada cabeza. Zapatillas, medias blancas y una malla color rosa las viste. El guiño paceño lo otorgan las chompitas rosadas para soportar el frío.
Viéndolas correr, la directora de la escuela, de 25 años, se ve reflejada en esas pequeñas. Ella misma hizo toda la carrera artística en esas aulas y, ganadora del examen de competencia, se hizo del principal cargo de esta institución.
El mundo visto de puntas
— ¡No quiero ir al ballet! — Bueno, no vayas... — No. Voy a ir nomás.
A este diálogo con su mamá se redujo la máxima crisis vocacional que tuvo Daniela Alejandra Ruesgas Requena, a eso de sus 10 años, debido a las presiones de la disciplina y a las ganas de quedarse alguna vez en casa para poder ver los programas de televisión.
Hoy tiene 26 años, y con una mueca nostálgica, esta paceña recuerda su primer enamoramiento con la danza. ´Iba a un centro de formación para niños, El Cabildo, cuando vivía en Tucumán, Argentina. Tenía unos seis años y allí habían varias actividades. Yo me acuerdo que siempre quería estar en el área donde hacía danza y así surgió la idea de empezar´.
Ese año llegó la familia a La Paz y, buscando un lugar donde poder practicar la danza, encontró la Escuela del Ballet Oficial. ´Di mi examen en esta misma sala y me quedé esperando emocionada el inicio de las clases a los ocho años´, recuerda mientras observa una de las clases de los niveles inferiores.
Sigue caminando por los pasillos. Cada rincón le relata momentos de su niñez y de su juventud, sinsabores y triunfos. ´Toda mi carrera la hice aquí. Me gradué a los 17 años. En el transcurso he tenido profesores, cubanos, rusos, brasileños, estadounidenses y con ellos, además, hacíamos talleres de jazz y contemporáneo´.
Como al resto de sus compañeros, terminada la carrera le tocó entrar a la universidad. ´Digo me tocó, porque era como que tenía que estudiar algo, \'no sólo vas a bailar\', te dice la sociedad´. Entonces se vio envuelta en una lucha por acomodar horarios sin faltar al ballet, salir corriendo de una clase para llegar a un ensayo o faltarse a una y copiarse luego la lección.
La historia se sigue repitiendo en las aulas de la institución. Un joven que al parecer ha botado la toalla visita a sus antiguas compañeras y les promete ´voy a volver pronto´. Nunca se sabe. Con la presión que existe sobre todo con los varones, pues se tiene el prejuicio de que se trata de una disciplina que está peleada con la masculinidad, el sobrevivir en esta carrera requiere de mucha personalidad. Afortunadamente, la casa abre los brazos a los que llegan y les ofrece un ambiente muy familiar.
De bailarina a directora La sede del Ballet Oficial ha sido siempre el hogar de Daniela. Siendo así, la ´habitación´ que ahora ocupa es muy diferente. Su oficina tiene el rótulo de Directora y su función en la casa ha cambiado.
´Cuando llegó la crisis del Ballet Oficial, surgió una convocatoria para la dirección de la Escuela mientras se rearmaban las estructuras para la institucionalización y separar la escuela de la compañía´.
Al enterarse de la convocatoria envió sus papeles. Unos dos meses después, la llamaron del Viceministerio de Culturas para una entrevista y verificar documentos.
´Fue algo curioso. Uno de mis primeros profesores estaba a mi lado dando el mismo examen que yo, al igual que una compañera mía. Cuando fui a la entrevista vi a uno de mis profesores que saludaba a todo el mundo \'¿Cómo estás? ¿Qué tal?\'. Yo llegué y no conocía a nadie y a lo mucho decía: \'Buen día, estoy buscando esta oficina, ¿sabe dónde queda?\'´. Luego de la examinación, se quedó.
Ha terminado otra clase. La maestra es una de sus compañeras desde que eran pequeñas. Las mamás recogen a las pequeñas luego de que éstas se abrigan para que el esfuerzo del día no tenga consecuencias sobre su cuerpo.
Un par de risitas empiezan a vibrar, pero una de las alumnas mayores señala el letrero de ´silencio´. Y es que no sólo es una casa, también ejerce de un templo.
En el tiempo de descanso, Daniela comparte opiniones con la maestra. Cuando eran estudiantes, ellas querían aprender también otras técnicas que les permitiesen tener un lenguaje más rico. ´Lo lindo es que ahora estoy trabajando con compañeros de mi generación, que estamos actualmente bailando y dando clases acá. Además tenemos una misma lógica y un mismo sentimiento por la danza´, dice Daniela.
En esta búsqueda se han incorporado en el pensum nuevas materias, teóricas y prácticas, que permiten nuevas perspectivas para los estudiantes, claro, siempre con la base en técnica clásica. ´Es muy importante porque te otorga un abecedario para que armes tus poesías, ensayos y lo que quieras en cuestión de movimiento´.
Eso no quita que el estudio del ballet sea duro y disciplinado. ´Tienes que sacarte la mugre todos los días. Te va haciendo fuerte y vas armando tu camino´.
El nuevo reto En ese camino apareció otro bache. El cuerpo de baile, bajo la dirección de Norma Quintana, hizo una última temporada y la directora presentó su renuncia para proseguir con la institucionalización. El ballet volvió a quedar en el aire, con un proyecto en puertas del Ministerio de Educación.
En una reunión con el grupo se nombró a Daniela como directora interina mientras se continúa la morosa lucha por la institucionalización. Actualmente se halla en la parte de la revisión jurídica. Mientras, la compañía trabaja con la ayuda de la maestra Noreen Guzmán de Rojas para mantener su nivel.
Va anocheciendo y empiezan a ingresar las alumnas de cursos más avanzados con polainas contra el frío y largos cuellos y rectas espaldas que trepan hasta llegar a un moño. Daniela regresa a su oficina y continúa con el seguimiento de este proceso que busca marcar las reglas del juego para que se convoque a un examen para la dirección de la compañía.
Afuera, los integrantes del grupo buscan crear interés por su arte. ´Tenemos que hacer que la danza se ponga de moda. Es importante que los niños y jóvenes se apropien de este lenguaje´, confabulan los bailarines convencidos de que su objetivo es posible.
E inmersa en su nueva función en la casa, Daniela continúa, como de pequeña, con las ganas de ´sacarse la mugre´ al ver cómo las niñas siguen corriendo en hileras rosadas, para ingresar a sus clases. ´Voy a seguir en el camino de la danza. Me gustaría mucho crecer junto a mi grupo y hacer investigación sobre la danza en Bolivia, que es un país danzante´. ¿Y la Sicología? Bien gracias.