A 500 metros del Salar de Uyuni se levanta un hotel construido en base a bloques de sal. El hospedaje presenta un diseño innovador con paisajes para quitar el aliento de los visitantes.
Texto: Jorge Soruco Ruiz • Fotos: Pedro Laguna
La idea surgió hace unos 10 años. En ese entonces los pobladores de la comunidad Colchani, a 20 kilómetros de la ciudad de Uyuni, comenzaron a armar bloques de sal con los que construían pequeñas habitaciones. Al ver eso, la familia Lora consideró que si la sal servía para levantar habitaciones, por qué no podría ser útil para montar un hotel de lujo que atraiga más turistas al Salar de Uyuni.
Eso es lo que ofrece el hotel Luna Salada, el lujo y confort de los hospedajes citadinos a pocos pasos del desierto de sal.
Desde el momento que se ingresa al edificio de dos plantas hasta la noche, cuando la temperatura en el exterior puede alcanzar los 10 grados bajo cero y los helados vientos que provienen del salar superan cualquier protección que las ropas de abrigo puedan dar, la construcción ofrece comodidad y resguardo a los visitantes.
En cuanto se confirma la llegada de huéspedes, los empleados de la Luna Salada se aprestan a encender todas las estufas del local.
La arquitectura del interior del local parece un cruce entre templos andinos con iglúes helados.
Parte de este efecto lo otorga la blancura de los ladrillos de sal. Nada impide que los visitantes confirmen la composición de las paredes de su habitación. No hay pintura en los muros y los adornos son tapices y artesanías de Uyuni.
No falta alguno de los clientes que, movidos por la curiosidad, llegan a dar una probadita a las paredes, para “ver si realmente se puede usar un condimento para construir un edificio”, como comenta un catador de los muros.
El piso de todo el hotel está cubierto por una alfombra de cristales de sal, creando el efecto de estar a la intemperie sobre el mismo salar. En diversos puntos del hospedaje, tapices y alfombras artesanales cubren la sal del suelo.
Incluso los muebles de los distintos ambientes están hechos de bloques de sal: camas, sillas, mesas, sillones y estufas de leña.
Espacio para todo
El hotel Luna Salada cuenta con 25 habitaciones con capacidad para 50 personas. Cada uno de estos cuartos cuenta con camas y muebles de sal. El piso está, al igual que en el resto del hospedaje, alfombrado por los cristales salinos.
Para los helados visitantes, los lechos son una de las mejores características de los cuartos, como constató Geraldo Pereira Santa Ana, un ejecutivo brasileño que se alojó en el hotel. “No se siente el frío cuando uno duerme. Las colchas me mantuvieron cómodo durante toda la noche”, comentó.
En los pasillos del edificio, frente a las habitaciones, se construyeron pequeñas salas de estar caldeadas por chimeneas. Estos espacios de convivencia cuentan con sillas y hamacas, situadas estratégicamente para que los huéspedes puedan ver el paisaje del Salar de Uyuni por grandes ventanales.
La cercanía con el famoso salar es el punto de diferencia de la Luna Salada. El comedor, las salas de eventos y los salones de juegos tienen amplios espacios que permiten una vista inigualable de este espectáculo natural.
Los interesados en ingresar al Salar sólo tiene que caminar 500 metros hasta tocar la superficie del desierto blanco. La recepción del hotel también está capacitada para dar ayuda al turista.
De la población de Uyuni llega una amplia oferta de artesanía textiles y de sal que ya se han hecho distintivas en las visitas al salar ubicado en el departamento de Potosí. También se hace la venta de diferentes especies de cactus.
Eso sí, el interesado en alojarse allí tendrá que hacer una reserva anticipada, sobre todo durante los meses de julio y agosto, cuando llega la época alta del turismo.