La combinación de poleas, trampolines y cuerdas elásticas permiten a los deportistas el realizar saltos de hasta nueve metros de altura.
Texto: Jorge Soruco Ruiz • Fotos: Miguel Carrasco
Mientras le ajustan el arnés de seguridad, la pequeña Natalia Molina no para de retorcerse de emoción. Poco después, una grúa eleva a Natalia dos metros sobre la cama elástica donde estaba parada. De pronto, con la ayuda de uno de los encargados de la máquina de Euro Bungy, Natalia comienza a dar saltos de hasta casi seis metros de alto.
Natalia, pese a sus ocho años, es una de las personas interesadas en probar la emoción del Euro Bungy o Bungy de Trampolín. Este entretenimiento es una variación del deporte extremo de salto Bungy. Sólo que, a diferencia de la actividad original, el practicante tiene que saltar en vez de arrojarse al vacío.
Otra de las diferencias está en el equipo. Mientras que quienes saltan de puentes o grúas cuentan sólo con un arnés de seguridad, al cual está sujeta la cuerda elástica, el Euro Bungy consta de todo un sistema de aparatos especiales.
La estructura principal se asemeja a un carrusel. Consiste en cuatro sistemas de soportes, cada uno sosteniendo dos poleas. Estos juegos rodean a un pilar central, al pie del cual están cuatro grúas.
De los motores del centro salen cuerdas elásticas y ligas. Debajo de cada uno de los juegos, justo al medio de las poleas, se colocan camas elásticas o trampolines.
Cada juego de poleas está graduado para soportar un determinado rango de peso. Esta resistencia depende del grosor, y cantidad, de las ligas entretejidas que se sujetan al arnés de seguridad.
Este cinturón especial se asegura a la persona que va a saltar, la cual se para en el trampolín adecuado. La grúa levanta al osado participante hasta una altura en la cual sus pies no toquen el trampolín, generalmente un metro y medio a dos.
Ramiro Mendoza, uno de los encargados del equipo que se halla en la Feria Internacional de La Paz (Fipaz), explica que cuando la persona está suspendida en el aire, se define la altura de los saltos. En ese momento, los trabajadores jalan del arnés al deportista hacia abajo, hasta que el interesado quede prácticamente de cuclillas en la cama elástica. Y entonces, lo sueltan.
La tensión de los diferentes elásticos que están sujetos al arnés permite que los saltos sean mucho mayores que si el deportista usara simplemente la cama elástica.
Gerardo Dick, propietario de uno de estos juegos, asegura que el sistema permite que el cliente se pueda elevar hasta unos nueve metros. Pero, para mayor seguridad, se limita la altura a siete metros.
Adrenalina segura “Al principio sientes un cosquilleo en tu estómago. Cuando te levantan te pones un poquitín nervioso. Pero cuando te jalan para darte impulso y sales disparado hacia arriba... tu estómago se baja a tus pies. Te asustas al principio, pero luego... ¡Luego es genial!”, recuerda Fernando López, uno de los clientes que ya probó el Euro Bungy.
Priscila Dick, asidua practicante de este deporte extremo, asegura que pocas cosas superan la cascada de adrenalina que la inunda cuando realiza piruetas en lo más alto de su ascenso. Además, confiesa que es “muy buen ejercicio. ¡Cinco minutos saltando son como si trotara por más de una hora!”.
La adrenalina no sólo afecta a quienes brincan. La imagen de la persona girando a más de cinco metros de altura emociona y asusta a los espectadores, que observan todo alrededor del equipo.
Sin embargo, no hay de qué preocuparse. Los aparatos del Euro Bungy están diseñados para ofrecer la mejor protección posible sin coartar el movimiento en el aire.
“El que sea un deporte extremo no quiere decir que también sea inseguro”, advierte Gerardo.
Los equipos son revisados exhaustivamente por los encargados antes de comenzar a recibir gente interesada. Las personas que deciden arriesgarse tienen que colocarse un arnés de seguridad y, en cuanto algún problema se detecta, la sesión es interrumpida de inmediato por los responsables.
Estas precauciones permiten que puedan participar personas desde cuatro años hasta los 90. Uno de los pocos limitantes es el peso, que no puede superar los 100 kilogramos, y la ausencia de enfermedades que afecten al corazón.
“Si cumples con esos requisitos, estás listo para comenzar a tratar de tocar el cielo”, asegura Priscila con una sonrisa, mientras descansa después de haber girado en el aire cual trapecista profesional.