Fernando Cajías de la Vega Libradas las batallas, los países hispanoamericanos que se libraron del yugo español consiguieron soberanía y autonomía y pasaron de un estructura de administración monárquica a la republicana, con sistemas de gobierno y economías independientes. No obstante, la emancipación no consiguió la aplicación de reformas en los ámbitos religioso y tributario, y los sectores conservadores mantuvieron la esclavitud y la exclusión en la sociedad.
Fernando Cajías de la Vega Historiador, investigador y docente universitario. Es investigador y docente universitario en las carreras de Historia y Turismo de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Forma parte de la Fundación Cajías.
Después de tres siglos de dominio colonial, los países de América Hispana consiguieron su independencia, lo que para España significó un golpe político y económico muy grande, convirtiéndose en una potencia de segundo y, por momentos, hasta de tercer orden, después de haber sido el más grande imperio del mundo.
Para los países de la región, significó su libertad política; su soberanía; el fin de pertenecer a un sistema monárquico y pasar al sistema republicano, aunque con una democracia restringida. Pero también significó, por la división de las colonias hispanas en una veintena de repúblicas, la pérdida del equilibrio continental con las ex colonias británicas porque éstas, que mantuvieron la unidad y ampliaron profundamente su territorio, despegaron económicamente mucho más que las ex colonias hispanas, diferencia que se agudizó en las décadas posteriores a la Guerra de la Independencia y mucho más en nuestros tiempos.
La soberanía y la libertad política conseguidas se mantuvieron hasta el día de hoy, pero de una manera restringida. Es cierto que América Latina, salvo algunos países y por períodos cortos, nunca más volvió a ser colonia, en el sentido pleno de la palabra. Otros continentes como África y Asia fueron convertidos en colonias de los países industrializados con sometimiento militar y político, cosa que no sucedió en América Latina.
Sin embargo, ninguno de los países latinoamericanos, logró la completa independencia, sobre todo por sus limitaciones económicas. Del dominio español se pasó a una enorme dependencia de Inglaterra y Francia. O sea, que la independencia no significó obtener una soberanía absoluta.
En la colonia, salvo algunas redes de mercado interno, era más importante la relación de cada una de las regiones americanas con la metrópoli que las relaciones entre las regiones. Por eso, pese a tener muchos rasgos comunes, como el idioma, la religión, las instituciones y la propia historia, las diferentes regiones hispanoamericanas optaron no solamente por la independencia de España, sino por ser autónomas entre sí.
Eso significó que al fundarse una veintena de repúblicas, el nacionalismo latinoamericano y la integración americana fueran asumidos por muy pocos de los líderes de ese entonces, al contrario, lo que se desarrolló con más adeptos fue el nacionalismo de cada una de las nuevas repúblicas. Nuevamente la relación entre cada país y las nuevas metrópolis fue más estable que la relación entre los países latinoamericanos, situación que, felizmente, ha cambiado en las últimas décadas.
Bolivia no fue una excepción. La Asamblea Deliberante votó unánimemente por la independencia de España y, por aplastante mayoría, por crear una nueva república autónoma del Perú y de la Argentina, aunque con el primer país hubo un intento fallido posterior de crear una confederación perúboliviana. La votación de la Asamblea no fue producto de la coyuntura, sino de un proceso estructural que puede datarse del momento en que se fundó la Audiencia de Charcas. Surgió un espíritu autónomo de peruanos y argentinos por un proceso de construcción de una identidad propia y como respuesta al exagerado centralismo que ejercieron Lima y Buenos Aires, especialmente en el manejo de recursos.
Bolívar y Sucre eran profundamente liberales. Intentaron cambios profundos en relación a las instituciones del antiguo régimen, más allá del cambio de monarquía a república. Medidas como convertir a una sociedad profundamente influida por la religión en una sociedad laica a través de la educación y la libertad de cultos sólo se convirtieron parcialmente. Otras como la eliminación del tributo indígena y la abolición de la esclavitud fueron truncadas.
Esto se debió, en gran parte, a que las fuerzas conservadoras retomaron el poder y expulsaron finalmente, bajo el pretexto de ser colombianos, a los libertadores. Por eso, la independencia que sí significó un profundo cambio político, no significó un cambio social.
Los indios y los negros continuaron excluidos; la naciente democracia tampoco incorporó a las mujeres a los derechos electorales, ni a los pobres, ni a los que no sabían leer. Pero, aunque ese no es un consuelo, la exclusión de los derechos civiles, también se daba en países de democracia avanzada como Francia y Estados Unidos.
Es importante recordar que el tardío voto universal boliviano fue una década anterior que los derechos civiles de los negros en Estados Unidos. Pese a esas grandes fallas de nacimiento del país, algunas de las cuáles se han corregido con las posteriores revoluciones, la principal consecuencia positiva de la Independencia, es el nacimiento de una patria que es necesario preservar.
La reseña
Los orígenes de la independencia de Bolivia El sentido de nacionalidad boliviana comenzó en 1559, cuando la corona española otorgó cierta autonomía a la región a falta de un control territorial por parte de los virreinatos, según Fernando Cajías y Raúl Calderón (La Razón, 6 de agosto de 2006). El artículo destaca que los orígenes de la independencia se gestaron en el territorio de la Audiencia de Charcas.
“Bolívar y Sucre eran profundamente liberales. Intentaron hacer cambios profundos respecto del antiguo régimen”. Fernando Cajías, historiador, acerca del aporte de los denominados padres de la patria tras la liberación del territorio.
Conflictos por la demarcación de límites La demarcación de los límites entre las posesiones españolas y portuguesas en América Latina fue, desde los primeros años del descubrimiento, motivo de disputa e incluso de conflictos bélicos. La frontera entre el actual Brasil y la Audiencia de Charcas siempre estuvo bajo las armas y no en pocas ocasiones se efectuaron encuentros entre tropas de uno y otro lado.