William Lofstrom Masterson El Gran Mariscal Antonio José de Sucre fue el artífice del nuevo Estado republicano, democrático y representativo que se pretendió implantar en el territorio altoperuano. Uno de los aspectos destacados de su administración tiene que ver con la eliminación del impuesto al comercio y el tributo de indios, mismo que más tarde se vio en la necesidad de reponer debido a la crisis que esta determinación provocó para el fisco.
William Lofstrom Masterson Es historiador, autor de libros y diplomático jubilado. Nació en EEUU y desde el 2000 radica en Sucre. Es diplomático jubilado y PhD. en Historia Latinoamericana. Entre sus libros está Crónica de un crimen pasional, valle de Cinti, 1827.
La presidencia de Antonio José de Sucre es un divisorum aquarum en la historia de Charcas, pues la Batalla de Ayacucho y la rendición del General Pedro Olañeta en Tumusla abrieron las puertas para un experimento sumamente interesante en la historia de la creación de los nuevos estados independientes de América del Sur. Si bien es cierto, como captaron bien don Casimiro Olañeta y otros altoperuanos, que existía en este territorio un sentimiento bien arraigado de identidad nacional antes de que Sucre cruzara el Río Desaguadero en febrero de 1825, Sucre fue el artífice para que ese sentimiento se convirtiera en realidad mediante la convocatoria de una Asamblea Constituyente en Chuquisaca, en agosto de 1825, que puso el toque final al proceso independentista con la declaración formal de la independencia el 6 de agosto de ese año.
También fue artífice del nuevo Estado republicano, democrático y representativo que se quiso implantar en el suelo altoperuano, Estado que administró con admirable inteligencia, energía y equidad hasta que fue herido en la asonada militar del cuartel de San Francisco el 18 de abril de 1828. Dicha administración es el tema de este ensayo, aunque es obvio que sería difícil abordar un tema tan amplio y novedoso en el poco espacio que me dieron editores de La Razón.
La palabra administrar viene del latín ´a ministrare´ que quiere decir servir, gobernar o regir, de modo que administración viene a ser la ciencia de gobernar un Estado y el conjunto de poderes encargado de la ejecución de las leyes y otras medidas creadas para lograr los objetivos del gobernante. En el caso de la administración Sucre, como veremos, la ejecución de dichas leyes, resoluciones y decretos se hizo con una verdadera vocación de servicio y con una abnegación raras veces vista en los anales de la historia latinoamericana.
Para los fines de este ensayo, podemos dividir la historia de la presidencia de Sucre en seis capítulos principales, que son: la organización del nuevo Estado, el acopio de información fidedigna sobre la realidad altoperuana en el año 1825, y la creación de un aparato gubernamental; la adaptación, mediante leyes y decretos, de la iglesia altoperuana a las nuevas circunstancias impuestas por la emancipación política de Bolivia y por las ideas ilustradas y liberales provenientes de Europa y Norte América en ese momento; la innovación educativa y social, incluyendo la creación de escuelas de primeras letras, escuelas de enseñanza mutua, colegios para el sexo femenino, los colegios fiscales de artes y ciencias (el Junín, el Pichincha, el Ayacucho, el Sucre y el Bolívar), instituciones para la redención de los pobres, y reformas a los hospitales creados en el virreinato, junto con mejoras en la salud pública; los proyectos de transformación urbanística, como acueductos, nuevas pilas en las ciudades, el empedrado de calles y su iluminación nocturna, y la adaptación de los claustros de las ordenes religiosas, los mercedarios, franciscanos, dominicos, agustinos y otros para fines laicos y de utilidad para el estado; la creación de un puerto marítimo en la costa boliviana del desierto de Atacama y su dotación con los elementos necesarios para afirmar la soberanía boliviana; reformas tributarias, incluyendo la supresión de algunos impuestos arcaicos heredados de la colonia, la abolición del oprobioso y discriminatorio tributo indígena y en su lugar la institución de impuestos nuevos, cuyo espíritu estaba más acorde con la democracia representativa que se quería implantar en la nueva república.
La creación de las instituciones del Estado independiente, así como las reformas en educación, salud pública, la transformación urbanística, las comunicaciones y las relaciones estado-iglesia, por más interesantes que fuesen, fueron divulgadas en otros trabajos míos, y tienen sus similares en otros paises latinoamericanos, donde las ideas de la ilustración y del liberalismo calaron más hondo que en Bolivia. Son capítulos de la historia boliviana que inspiran y frustran al mismo tiempo, porque la mayoría quedó en la nada, aún cuando eran objetos de admiración por los observadores extranjeros.
Las reformas tributarias emprendidas por Sucre representan tal vez el mayor rompimiento con el pasado colonial, y a su vez crearon más resistencia por parte de los altoperuanos que ningún otro aspecto de su presidencia. Dichas reformas, que incluían la supresión de las alcabalas o impuestos al comercio; la eliminación del tributo de indios; la reducción de los impuestos a los bienes raíces urbanos y rurales y de las tasas de interés a las hipotecas; y la modernización de los sistemas contables, provocaron un desastre fiscal, en tanto que la nueva contribución directa ideada por Sucre para sustituir al tributo de indígenas, bajo la cual cada varón entre los 18 y los 60 pechaba un peso al año, las propiedades urbanas y rurales tributaban anualmente entre el 2 y el 4 por ciento de su productividad; y se instituía un primitivo impuesto a la renta para los empleados del Estado, los profesionales y los artesanos, nunca llegó a satisfacer las crecientes demandas del Estado para fondos, demandas exacerbadas por el costo de mantener al Ejército Unido Libertador en suelo boliviano, con el fin de defender la soberanía de la nueva nación ante la hostilidad mal disfrazada de los vecinos Perú y Argentina.
En lugar de producir nuevas fuentes de ingresos para el Estado, bajo un sistema mucho más justo y equitativo, la reforma fiscal expuso a Bolivia a poderosas presiones económicas foráneas y redujo dramáticamente los ingresos del estado justo en el momento en que las otras reformas emprendidas por Sucre, en los campos mencionados arriba, demandaban mayores recursos para asegurar su éxito. Al final, Sucre se vio obligado a reinstituir el tributo de indígenas, que para el año 1827 produjo el 39 por ciento de los ingresos del estado. Al igual que Simón Rodríguez, el maestro del Libertador Simón Bolívar y director de instrucción pública durante parte de su presidencia, Sucre al final de su estadía en Bolivia podría haber escrito: ´Nadie tiene la culpa de lo que me ha sucedido (en Bolivia); hay ideas que no son del tiempo presente aunque sean nuevas. . . pocos me han entendido, muchos me han desprestigiado y algunos se han tomado el trabajo de perseguirme: por querer hacer mucho, no he hecho nada y por querer valer a todos he llegado a términos de no poder valerme a mí mismo´.
La reseña
La organización del nuevo Estado fue difícil Después de más de tres siglos de coloniaje, la nueva república adoptó el paradigma del Estado republicano francés, que era modelo de organización político administrativa. En tanto que la estructura económica y el régimen de propiedad no fueron cambiados. El nuevo país pasó por un receso económico y escaso ahorro interno, (Alexis Pérez, La Razón, 6 de agosto 2005).
“La reforma tributaria emprendida por Sucre representa tal vez el mayor rompimiento con el pasado colonial”. William Lofstrom Masterson sobre una de las medidas más polémicas de la gestión del Gran Mariscal.