Esther Aillón Soria Cuando la Asamblea Constituyente de 1826 sesionó en Chuquisaca la declaró capital provisoria de la república, condición que el foro deliberante de 1839 oficializó. Durante la colonia, La Plata era reconocida en la región como “La culta de Charcas” por concentrar élites letradas, burocracia colonial y por ser sede de la Audiencia de Charcas. Sucre fue el eje político administrativo de la región y el escenario para el inicio de la independencia.
Esther Aillón Soria Es historiadora y posee un doctorado en la materia. Siguió los estudios en Historia en la UMSA de La Paz y realizó un doctorado en esta área en el Colegio de México. Estudia los procesos políticos y culturales del sur de Bolivia y México.
La tradicional ciudad de los cuatro nombres, concentra en sus denominaciones una historia de ajustes y resistencias al orden colonial. Según el historiador Thierry Saignes, en la tradición denominativa de las ciudades americanas, existen dos vertientes. Una resiste el orden colonial y permite mantener el antiguo nombre prehispánico trasladado a las ciudades: Lima, Quito, Bogotá o Caracas corresponden a esa tradición, que mantiene su nombre indígena. La otra, hereda el nombre español: Asunción, Buenos Aires, Montevideo o Santiago. Según este autor, sólo una ciudad del continente conserva las dos vertientes: La Paz, que lleva en su nombre oficial, la tradición colonial y preserva el nativo de Chuquiago-Marka.
Por su parte, Sucre conserva en sus cuatro denominaciones ambas tradiciones. Corresponden a la tradición prehispánica los nombres de Charcas y Chuquisaca y a la tradición colonial/republicana los nombres de La Plata y Sucre. Si bien el nombre actual de la ciudad es Sucre; La Plata y Chuquisaca lo fueron también en su tiempo para designar las jurisdicciones de la ciudad y el Obispado. Todos los nombres fueron utilizados en su momento como denominaciones oficiales para distinguir los diferentes rangos de la ciudad dentro del ordenamiento colonial.
La actual ciudad de Sucre fue sede de la Audiencia de Charcas bajo la denominación de La Plata como parte de la jurisdicción del Virreinato del Perú hasta 1775, y del Virreinato del Río de la Plata desde 1776 hasta 1810. Se encontraban en ella la sede y la Presidencia de la Audiencia de Charcas (1559), el Tribunal Superior de la Audiencia cuya jurisdicción alcanzaba a todas las provincias del Alto Perú y el Río de la Plata, así como el Arzobispado de La Plata (1609) que sujetaba a los Obispados de Buenos Aires, Potosí, Santa Cruz, La Paz, Asunción y Tucumán.
Cuando la Asamblea Constituyente de 1826 sesionó en la ciudad de Chuquisaca o La Plata, la declaró capital provisoria de la República. Determinó además, erigir una nueva ciudad con el nombre de Sucre en un lugar cercano a Cochabamba. Esta indecisión tenía como eco de fondo las pugnas regionales entre chuquisaqueños, paceños, cochabambinos y orureños que promovían con diferentes argumentos erigir la capital de la República en su departamento.
Entre las alternativas, se determinó establecerla en la sede la antigua ciudad de La Plata, con la denominación de Sucre, en homenaje al Libertador Antonio José de Sucre, pues la Asamblea General del Alto Perú que creó la República de Bolívar, decretó el 11 de agosto de 1825, que “La ciudad capital de la República y su departamento, se denominarán en lo sucesivo Sucre” como homenaje al Mariscal Antonio José de Sucre. Esta denominación equivalía al nombre de República de Bolívar “en homenaje a Simón Bolívar, inmortal Libertador de Colombia y Perú”.
Fue entonces, el primer apellido del Mariscal Antonio José que se tomó como símbolo de la capital como uno de los premios que los constituyentes de 1826 ofrecieron al Mariscal, retribuyendo así su contribución a la guerra de la independencia, y a la convocatoria a la Asamblea Deliberante de 1825, que posibilitó la creación de una soberanía independiente del Río de La Plata y del Perú. La Asamblea Constituyente de 1839 oficializó posteriormente el lugar de la capital de Bolivia, impuesta sobre la ciudad de Sucre.
Al tiempo de la fundación de la República, la ciudad de La Plata (hoy Sucre) era muy importante en el contexto regional de América del Sur. Ostentaba el lugar de ser la “culta Charcas”, la “Atenas de la América del Sur”, o la “Oxford boliviana” como la llamó el indio letrado Vicente Pazos Kanki. Estas alusiones se apoyaban en el hecho que durante la Colonia, esta ciudad concentró una élite letrada, burocracia colonial, y era la sede de la Audiencia de Charcas, que aunque era menor respecto de las sedes virreinales de Perú o Buenos Aires, era mayor con relación a otras ciudades, villas y pueblos sujetos a su jurisdicción.
Gabriel René-Moreno fue uno de los que mejor captó el espíritu de la ciudad y su lugar en el concierto sudamericano de la época. La llamó “la capital del Alto Perú” y dijo de ella:
Atalaya de la administración pública en el Alto Perú, metrópoli eclesiástica del virreinato, aula consagrada de una juventud inmensa de climas apartados, palestra forense y tumultaria de los intereses y pasiones de la sociedad civil, no en vano la investidura oficial acumuló durante siglos, en la cabeza de la modesta villa, las preeminencias todas de una verdadera señora de las provincias. Sus anales forman una página gloriosa y colorida de la era hispana en los virreinatos meridionales de que sucesivamente fue segunda capital…
Pocos moradores ciertamente, pero ¡qué moradores!... estrecho era el recinto, en cambio era muy militante, trascendente o supremo el oficio de las gentes que allí trabajaban la obra del régimen establecido… Pero su verdadero y nunca deslustrado blasón está en su gloria, y su gloria es aquel famoso grito de libertad, cuando en mayo 25 de 1809 América entera dormía el sueño profundo de la servidumbre, grito al que días después respondió temeraria La Paz con la guerra y los martirios primeros de la emancipación continental.
La Plata nació con un aura, un carácter supra-regional por ser eje político-administrativo de esta parte del espacio regional peruano, por ser ciudad vecina y hermana disímil de la imperial Villa de Potosí, y por tener una Universidad que atraía a jóvenes de América del Sur. Así era Sucre al momento de la independencia, como dice Paz “letrada, togada, condecorada, primada, encopetada, privilegiada señora de las provincias”, posición que sufriría a lo largo de los siglos XIX y XX a la vez que un posicionamiento oscilante como la capital del país, un dislocamiento, una dispersión de su poder.
Esta ciudad, este complejo espacio colonial, fue el primer escenario para los inicios de la independencia. Nunca la distinguió el tamaño de su población. En 1826 ocupaba el cuarto lugar como Departamento y era la tercera ciudad de Bolivia. Empero, era la concentración del poder burocrático, togado, eclesiástico y letrado lo que la distinguía. Y especialmente este último fue el que le dio una atmósfera intelectual propicia para el suceso del 25 de mayo de 1809, con todas las instituciones educativas que existían en La Plata, principalmente la Real Academia Carolina de Practicantes Juristas (1776). Pero era también una ciudad de un conglomerado humano complejo, diverso, de diferentes clases, en la que el elenco letrado compartía, se diferenciaba y negociaba su cotidianidad frente a otros sectores sociales que cohabitaban la ciudad como los cholos, los indios y las chicheras.
La reseña
El nacimiento del nuevo Estado y su capital El 10 de agosto de 1825 se firmó un reconocimiento a los generales Bolívar y Sucre. En homenaje al libertador, el nuevo Estado llevaría el nombre de la República de Bolívar y su capital (llamada entonces La Plata) recibiría el nombre de Sucre, según el libro “Historia de Bolivia” de José de Mesa, Teresa Gisbert y Carlos D. Mesa Gisbert.