No hay duda: estamos viviendo tiempos difíciles. Se podría afirmar que se trata del precio natural del cambio; pero también se puede sostener que es el resultado del penoso experimento populista del partido en el Gobierno. Mientras tanto, prevalece la desesperanza y el país está más dividido que nunca.
No hay salida a la vista. Gobierno, oposición, regiones, “movimientos sociales” que parecen milicias callejeras al servicio del régimen, instituciones (nuevas como la Asamblea Constituyente y antiguas como el Parlamento) entrampadas en el sectarismo, injerencia de una caricatura caribeña de liderazgo latinoamericano, exacerbación de sentimientos regionales, como de los paceños y chuquisaqueños que debían pugnar para progresar antes que para enfrentar, son algunos signos que hacen aparecer la incertidumbre e inquietud de la ciudadanía. La confianza en el futuro está ausente.
Sin embargo, hay quienes insisten en caminar hacia la nada, hacia abismos insondables... Son los que creen que con batallas menudas y mezquinas, con supuestas revanchas indígenas, se puede alcanzar más libertad y más justicia. Pero más libertad y más justicia para unos, junto a desembozados esfuerzos para someter a otros.
Como la situación que prevalece no da para encontrar salidas razonables y viables, surgen las propuestas disparatas e irresponsables, y se incursiona en el reino de la simulación, de la mentira, de la imaginación torcida, frecuentemente con ridiculez. Esto se está produciendo. Por eso no resulta extraño oír que, si sigue el proceso del cambio “masista”, en quince años Bolivia será una nación como Suiza, de la nación que verdaderamente es crisol de razas, culturas y lenguas y ejemplo de equilibrio en un mundo convulsionado por la división y la violencia. Quizá este disparate no sea malintencionado, sino que, en realidad, es producto de la ignorancia, de la falta del tino político no exigible a quien no tuvo la fortuna de formarse.
Abundan los disparates como el que se menciona. Pero ese no es patrimonio de un solo grupo. Veamos: ante la ineficiencia de la actual oposición, que no le alcanza su capacidad para mostrar perspectivas de futuro, surgen nuevas propuestas, también absurdas y oportunistas, como la de un propietario de una universidad que, dinero de por medio, intentaba hasta hace unos días promocionarse como político. Tampoco es edificante servirse de un noble sentimiento ciudadano. Eso sucedió desde una prefectura, y trajo una salvaje agresión del oficialismo cocalero, con víctimas en un pueblo digno y valiente.
Con semejante panorama, es natural la alarma generalizada. Pero también crece —podría ser una simple expresión de deseos— la convicción de que las respuestas son posibles. Por supuesto que no la división racial provocada y la pugna entre pretendidos “cabildos” que sólo exacerban al populacho con gritos, amenazas y denuestos.
Hay quienes, quizá todavía son pocos, que piensan que son posibles los caminos intermedios, las conductas moderadas, la razón impuesta por las realidades, para salvar a la nación, como vías para superar la división, la pobreza, el populismo destructor y la demagogia. La imaginación y el desprendimiento deben predominar si estamos destinados a pervivir como nación…
*Sergio P. Luis es profesional independiente.
Pepe Galindo
José Antonio Galindo Néder murió inopinadamente hace una semana, en un absurdo accidente a bordo de su vagoneta, en la ruta más fatal de la geografía boliviana.
Los diarios de Bioy
El 26 de octubre de 1952, Borges le dijo a Bioy Casares que “es indispensable destruir todos los papeles porque el día menos pensado uno desaparece y los amigos le publican esas grietas y esos estigmas”.