El 26 de octubre de 1952, Borges le dijo a Bioy Casares que “es indispensable destruir todos los papeles porque el día menos pensado uno desaparece y los amigos le publican esas grietas y esos estigmas”. Advertencia vana. A Borges no sólo le publicaron póstumamente incluso los libros que él expresamente había descartado, sino también, ahora, y por maquinación del propio Bioy, las conversaciones más memorables que sostuvo con éste.
La reunión de las entradas de los diarios de Bioy que se refieren a Borges en un volumen de 1.600 páginas ha sacudido al mundo de la literatura en español. Lo que Borges temía se ha producido: el acceso directo de los lectores a los aspectos no premeditados del autor. Un Borges más allá de lo que él hubiera considerado publicable. (Aunque no falta quien cree que Borges decía lo que le decía a Bioy —que en muchos casos es estupendo— con la secreta o incluso abierta intención de que pasara a formar parte de sus diarios. Pero eso nunca se sabrá).
Veamos un ejemplo del Borges impublicable:
“Estela quería que Borges se acostara con ella. Una tarde, en la calle, se lo dijo brutalmente: ‘Nuestras relaciones no pueden seguir así. O nos acostamos o no vuelvo a verte’. Borges se mostró muy emocionado, exclamó: ‘¿Cómo, entonces no me tenés asco?’ y le pidió permiso para abrazarla…”
Este pasaje me parece sencillamente como para echarse a llorar.
Además de la desmitificación de un ídolo, un beneficio secundario de la publicación de estos diarios han sido los comentarios, algunos de ellos notables, que arrancaron a los escritores actuales. Fresán se ha reído mucho de la malicia de Borges y Bioy contra cualquier escritor vivo o muerto que se les pusiera al frente. Juan Villoro acaba de publicar un articulazo en Letras Libres, en el que sin embargo se contradice, porque por un lado considera los diarios una confabulación de los dos amigos, la última broma que gastaron ambos al póstumo mundo, y por otro sospecha que con ellos Bioy quiso vengarse de la superioridad literaria de su habitual compañero de mesa.
Todavía no he leído más que 200 páginas del enorme libro (Fresán lo recomienda en “dosis homeopáticas”), pero algo me ha impresionado: la relación de estos hombres con la literatura, para ellos algo más que profesión, juego o fuente de brillo y prestigio (aunque incluya todo esto). Una suerte de encantamiento que hechiza sus vidas y les permite encontrar fantasías en cada rincón, objetos mágicos en el closet y en el excusado. Borges va en el “subte” pescando frases sorprendentes que luego contará a Bioy y que al final, como todo, terminarán en un libro.
Pepe Galindo
José Antonio Galindo Néder murió inopinadamente hace una semana, en un absurdo accidente a bordo de su vagoneta, en la ruta más fatal de la geografía boliviana.
¿Cambio o destrucción?
No hay duda: estamos viviendo tiempos difíciles. Se podría afirmar que se trata del precio natural del cambio; pero también se puede sostener que es el resultado del penoso experimento populista del partido en el Gobierno.