El mexicano Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, parece haber contraído, como antes le ocurrió a su competidor Bill Gates, y antes que a ellos a George Soros, una especie de enfermedad de los multimillonarios: querer hacer otra cosa que simplemente ganar dinero.
“No importa ser el primero” en la lista de millonarios, concluyó el magnate de la telefonía en América Latina luego de tres horas de una charla inédita, sencilla y sin agenda, con un pequeño grupo de periodistas.
Pero aún cuando Slim sueña con una próspera América Latina en la que todos cuenten con un teléfono celular, parece fijarse nuevos desafíos: poner en marcha acciones sociales en los terrenos de la salud, el deporte y la cultura. México, AFP