Una idea que ha ganado carta de ciudadanía en todo el mundo es aquella de que “cada país tiene el Gobierno que se merece”. Me parece una ocurrencia demasiado simplona como para darle crédito universal. Convengamos en que países con saludable tradición democrática, lo más probable es que tendrán gobiernos que correspondan a estas virtudes cívicas generalizadas, porque la ciudadanía elegirá a sus mandatarios con sentido cívico maduro. Merecen un buen Gobierno. ¡Dichosos ellos! Por el contrario, en países de escasa formación democrática —o peor— con una tradición de usos y costumbres muy lejos de lo que exigen los tiempos modernos, resultará más difícil tener gobiernos de calidad. Sin embargo, puede darse el caso de que, precisamente por la inmadurez política de unas mayorías escasamente formadas políticamente, surja una minoría consciente de sus responsabilidades respecto a la gente menos afortunada, que logre alcanzar democráticamente los puestos de poder, y ponerle el debido orden, dinamismo, justicia y eficacia a la sociedad, gobernar con capacidad profesional, administrar la justicia rectamente, procurar el bienestar de todos, sacando de la pobreza a los miserables, impulsar la educación en todos sus grados y al alcance de todos, combatir la corrupción, y todo lo demás que Ud., querido lector, entiende como buen gobierno.
Este proyecto ha sido, sin embargo, el espejismo de los regímenes militares y autoritarios que, frente al caos dominante en un determinado momento de la historia, han asaltado el poder con la promesa de ordenar el desorden, consolidar las instituciones del Estado por medio de un reforzamiento de la autoridad. Y sobre esta autoridad reforzada, se proclamaron “salvadores” del país.
Sin embargo, la experiencia enseña que esos sistemas autoritarios, fueran militares o civiles, terminaron desmintiendo, con sus hechos, aquellos nobles propósitos que anunciaban con bombo y platillo. Entre otros motivos, porque faltó la contraparte de un sector ciudadano dotado de una firme voluntad de gobernar con justicia, honradez, eficiencia y búsqueda del bien común. Esta inhibición privó al país de unos buenos gobiernos como se merece. Y se lo merece, precisamente porque lo necesitan todos aquellos millones de familias trabajadoras y honradas, deseosas de vivir y progresar en paz. No es pues cierta aquella maldición para los países más desafortunados, de estar condenados a estar regidos irremediablemente por los malos gobiernos que “se merecen”. Más bien habrá que proponer la idea de que tienen el Gobierno deficiente que “toleran”. Lo toleran probablemente porque no tienen un recambio ni otras opciones alcanzables por la vía pacífica y democrática. Porque estamos convencidos de que las pasadas experiencias de los asaltantes del poder por la fuerza resultan peores que tolerar gobiernos investidos de un pobre sentido democrático cuyos resultados van de mediocres para abajo. Siempre queda el recurso al recto uso de las libertades democráticas, entre las cuales hay que destacar y defender la libertad de expresión y de prensa, por cierto tan injustamente atacadas por ciertas autoridades. Tenemos pues el Gobierno que “toleramos”.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
Crispada Bolivia
“El país andino se desliza hacia una situación cada vez más crispada, que un Gobierno inexperto y con frecuencia abiertamente incompetente no es capaz de atajar”.
Etanol
El etanol está surgiendo como una alternativa ante el agotamiento de los combustibles fósiles. La actual situación incentiva la investigación, el fomento así como el uso de nuevas alternativas energéticas y combustibles.
ATPDEA, cómo nació y a dónde va
El primero de agosto se cumplió un mes desde que el presidente George W. Bush prolongara por ocho meses la vigencia de la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas y Erradicación de Drogas (ATPDEA)
La fundación de la República
En esta semana se conmemoró el 182 aniversario de la independencia y fundación de la República de Bolivia. En efecto, el 6 de agosto de 1825, la Asamblea Nacional reunida en Chuquisaca aprobó la proposición de conformar un país libre y soberano