Escuchando ayer a Judith Revel en el ciclo de conferencias organizado por la Vicepresidencia de la República, decía que las mujeres en Italia habrían adoptado, como método, la autonarración desde cada una de las mujeres para identificar, lo que les es común. Salir de la teoría para narrar la vivencia de cada una de las mujeres y encontrar lo que a todas de manera común les afecta en su condición de ser mujer, podrá en cierta manera expresarse en la discriminación, exclusión y subordinación en la que viven.
En la Asamblea Constituyente, el trabajo con las asambleístas, si bien en muchos casos partió de desencuentros, se centró precisamente en la puesta en común de la vivencia de cada una en los diferentes espacios que hasta entonces se habían desarrollado. Su experiencia por ser rural, urbana y/o haber desarrollado cierta habilidad en la profesión que ejercían fue la mejor forma de encontrarnos.
Podemos citar textualmente lo que algunas mujeres expresaron en los boletines producidos por el Movimiento de Mujeres y recordar que Victoria Ruiz, asambleísta por Potosí, decía: “…hasta hoy, las mujeres no hemos tenido una participación efectiva ni se han cumplido nuestros derechos. Ahora recién estamos tomadas en cuenta con el 30%...” o Avelina Vaca, asambleísta por Chuquisaca, “… desde niñas somos discriminadas y no tomadas en cuenta, nosotras tenemos derecho a la vida, a la tierra, a una vida digna…”.
Rebeca Delgado, asambleísta por Cochabamba, expresaba que “… las mujeres resaltan en las audiencias públicas, la falta de accesibilidad y los problemas que atraviesan en los juzgados de familia…”. Todos problemas presentes en la vida cotidiana de cada una de las mujeres, asambleístas en este caso y mujeres de todo el país, cuando hablamos de la construcción de la propuesta del Movimiento de Mujeres presentes en la Historia que partió también de la reflexión sobre las formas de vida de las mujeres.
Articuladas ahora y después de los informes de comisiones, en los que decíamos, han incorporado las propuestas de las mujeres, pretendemos estar siempre al frente en vigilia, entendiéndonos como sujetos de derecho y de cambio e instalar un control diario al trabajo que de ahora en adelante se desarrollará en la Asamblea Constituyente.
Entiéndase entonces el trabajo del Movimiento de Mujeres, en el real alcance del mismo. Es un movimiento porque plantea, porque propone algo nuevo, propone salir de lo que hasta ahora se ha dado, rechazando el modelo instaurado, en este caso patriarcal, colonial y confesional.
Rechazamos toda forma de descrédito a este único propósito. Creemos que es tiempo de un cambio profundo, el mismo que sin la participación de las mujeres no será nunca posible. Participación entendida en el ejercicio de los derechos políticos que deben dar paso al cumplimiento de otros y también como partícipes autónomas en la construcción de nuestras propias vidas.
*Elba Zeballos es miembro del Movimiento de Mujeres Presentes en la Historia.
Del desfile, su augurio
Qué decepción para los agoreros, los que presagiaban y presagian todos los males. Quieren sal y no les dan. Piden bronca y reciben rumba. El desfile no tuvo deslices y el desmadre anunciado fue una celebración de civismo.
Ahora es cuando
Eso de que en el camino se ordenan las cosas es bien cierto en Bolivia. Lo malo es que nuestro caminar es no sólo lento y complicado, sino también traumático y doloroso.
Bolivia en la cuerda floja
El 6 de agosto, después de prender una escarapela en el pecho, me puse a escuchar una selección de kaluyos y pasacalles de Los Kjarkas, música boliviana donde lo quechua es amasijo con lo español, cual caramelo de chocolate y leche.
El crecimiento esquivo
El historial de crecimiento del país es reconocidamente modesto; según las cifras oficiales, el promedio del último medio siglo escasamente supera el aumento demográfico.