Eso de que en el camino se ordenan las cosas es bien cierto en Bolivia. Lo malo es que nuestro caminar es no sólo lento y complicado, sino también traumático y doloroso. Estamos acostumbrados a decidir y actuar, aunque nos duela, según los golpes de cabeza que nos damos contra el muro para entender, en lugar de basarnos en el razonamiento y el análisis.
Ha pasado un año desde que se instaló la Constituyente. Y recién ahora cuando el tiempo termina las reglas parecen claras. El plazo que dio el Congreso para que los constituyentes sigan hasta diciembre les dijo también cómo aprobar la Constitución, aunque de eso discutieron ocho meses. Y les dijo también que hay el compromiso de una consulta popular que deben respetar. Sin decirlo, les fijó otros límites sobre los que había aún divergencias.
Pero más importante que el mensaje del Congreso es lo que nos dijeron los hechos, a todos los bolivianos.
El bosque de banderas que desfiló en Santa Cruz y desinfló pronósticos de mal agüero nos dijo que al resguardo del sombrero de saó o al abrigo del poncho, queremos marchar bajo una sola bandera. La tranquilidad de ese día dijo que no queremos enfrentamiento, aunque desfilemos al son de tambores y con uniforme de guerra. Los gritos en Sucre, destemplados para la pacata Charcas, nos recordaron que con poco se puede armar zafarrancho grande, difícil de calmar por largos que sean los discursos.
Los hechos nos recordaron también que aunque la democracia representativa está en crisis porque quienes la administraron perdieron nuestra confianza, es todavía lo único que tenemos para entendernos por el camino racional, sin llegar a los tiros. La Constituyente es fruto de la crisis que dejaron partidos y políticos acostumbrados a decidir y actuar según sus propios intereses, a despecho de lo que quería la gente. Y de sus juramentos. Por eso cruzaron ríos de sangre o firmaron pactos espurios y crearon mega, macro y mini coaliciones de todo tipo, color y tendencia, casi desde siempre. Es la herencia de Olañeta que mantenemos.
Tal vez ahora es cuando. Aunque el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, esperemos que tras esos hechos los constituyentes cambien lo que tengan que cambiar, bien y de una buena vez, antes de que los cabildos terminen por cambiarlos también a ellos y si no queremos encontrarnos en las calles con los dientes apretados y el puño cerrado, porque las heridas que sumamos este año pueden demorar mucho tiempo en curar.
Del desfile, su augurio
Qué decepción para los agoreros, los que presagiaban y presagian todos los males. Quieren sal y no les dan. Piden bronca y reciben rumba. El desfile no tuvo deslices y el desmadre anunciado fue una celebración de civismo.
Participando desde nuestras voces
Escuchando ayer a Judith Revel en el ciclo de conferencias organizado por la Vicepresidencia de la República, decía que las mujeres en Italia habrían adoptado, como método, la autonarración desde cada una de las mujeres para identificar
Bolivia en la cuerda floja
El 6 de agosto, después de prender una escarapela en el pecho, me puse a escuchar una selección de kaluyos y pasacalles de Los Kjarkas, música boliviana donde lo quechua es amasijo con lo español, cual caramelo de chocolate y leche.
El crecimiento esquivo
El historial de crecimiento del país es reconocidamente modesto; según las cifras oficiales, el promedio del último medio siglo escasamente supera el aumento demográfico.