La vida actual está ligada firmemente a momentos de estrés que se pueden definir como: la respuesta de cada individuo para afrontar una serie de situaciones extremadamente tensas o, simplemente, aquellos factores cotidianos que nos hacen “perder la paciencia”. Ante estas circunstancias de posible preocupación o amenaza, el organismo activa sus mecanismos de defensa para preservar su propio equilibrio sico-biológico (homeostasis).
Generalmente se describen tres tipos de estrés. El primero es el estrés “postraumático”, que afecta a cualquier individuo que haya sufrido un acontecimiento extremadamente desagradable como la catastrófica noticia de la muerte de un ser querido, una discusión familiar, incontables problemas laborales o un cambio negativo en la salud. El segundo tipo de estrés es el “temporal”, que se describe como consecuencia de alguna situación transitoria como el pánico escénico, temor por presentarse ante un examen en el colegio o la universidad, miedo o temor ante una entrevista de trabajo, etc. En este caso, lo mejor es combatirlo con una adecuada técnica de relajación y descanso.
Finalmente, el llamado “estrés crónico”, que se mantiene por un tiempo prolongado y que por ende su resolución podría ser más compleja y larga.
En nuestro medio, no existen datos sobre la prevalencia del estrés en la población general, sin embargo la escasa estabilidad laboral, los problemas económicos muy frecuentes en las familias y el desconocimiento y/o dificultad para acceder a alguna terapia de relajación ya sea en el trabajo o en el hogar, podría acarrear no sólo problemas del orden sicológico sino fisiológico, como por ejemplo: vulnerabilidad a las enfermedades, hipertensión arterial, aumento del azúcar en la sangre (diabetes), elevación del colesterol, (úlceras) perforaciones del tracto gastro-intestinal, infertilidad por disfunciones sexuales, por nombrar algunas.
Combatir el estrés no significa necesariamente acudir a una sicoterapia, sino también en un principio, se pueden utilizar algunas técnicas prácticas como: limitar el consumo de tabaco, café y alcohol, adoptar hábitos dietéticos saludables, hacer ejercicio de forma regular, optimizar el tiempo libre realizando actividades relajantes como paseos en el campo, actividades con la familia, lectura de libros, etc.
Como ya lo dijimos en anteriores artículos, es necesario que el boliviano cambie su estilo de vida por formas y nutrición saludables, que en el futuro hará que nuestras tasas de morbi-mortalidad se reduzcan notablemente y que podamos olvidar la famosa exclamación “me muero de nervios”; porque honestamente, el estrés puede llegar a acabar con nuestras vidas.
*Luis Kushner-Dávalos es ginecólogo obstetra.
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