A un año y medio de gobierno del presidente Morales, ya es posible hacer una evaluación de su mandato. Como dice la Biblia… “por sus frutos los conoceréis”.
Los tres rasgos más destacables de este periodo son: 1) El exagerado desequilibrio entre la gestión política y la gestión económica. 2) El talante confrontacional del Presidente y su partido. 3) La incursión de las ONG en el Gobierno.
¡Se está viviendo de pura política! El Gobierno vive como en época de campaña. La toma del poder absoluto y la Asamblea Constituyente los tienen perturbados. Incluso llegan al extremo de querer reelegir indefinidamente a Morales; como a sus émulos caribeños. Tienen una visión mesiánica de su líder, en pleno siglo XXI. No pueden concebir una democracia moderna, basada en “la Carta Democrática Interamericana”. Claro que la política es importante, pero no lo es todo.
Este Gobierno no tiene una política económica y su ineptitud administrativa es notable. La economía está con piloto automático y para su desgracia colocado por los neoliberales. Han tenido la suerte del alto precio de los commodities en el mercado mundial, las remesas de los bolivianos en el exterior, el aumento del tráfico de cocaína (estigma boliviano) y el buen tino de aumentarle las cargas impositivas a las petroleras.
Influenciado por la ideología, están cometiendo el fatal error de querer destruir el sector agropecuario cruceño, generador de la seguridad alimentaria y el empleo a los bolivianos. Todo esto ha causado el preocupante aumento de la tendencia inflacionaria, y desincentivado la inversión nacional y extranjera.
El talante confrontacional se nota en todos los discursos del Presidente, comenzando por el de su posesión, cuando en Palacio ofendió a sus propios invitados. Ha tenido conflictos con: la Iglesia, los medios de comunicación, los cívicos de la media luna, el Poder Judicial, las universidades, Ejército, la Policía, la mal llamada oligarquía, las empresas extranjeras, los cooperativistas mineros, los maestros, los prefectos, los partidos políticos, las regiones (Pando, Beni, Santa Cruz, Tarija, Cochabamba y Sucre), con blancos y mestizos (como expresión de su racismo), etc. Es más fácil decir con quién no se peleó. Con toda certeza que éste será el rasgo por el que siempre recordaré al presidente Morales. Su “dedingo” acusador; cual estatua de San Juan, nunca se borrarán de mi memoria.
La infiltración de las ONG en el Gobierno. Estas instituciones han mutado de ONG a OG, es decir de Organizaciones No Gubernamentales a Organizaciones Gubernamentales. Yo me pregunto: ¿Quién voto por ellas para que suban al Gobierno? Estas instituciones están manejando el Ministerio de Desarrollo Rural, entre otros. ¿Sabrán los mecenas que están invirtiendo sus recursos en política interna de otros países? A este paso, Morales terminará repitiendo la fórmula de los dictadores romanos: “pan y circo”, aunque con el aumento del pan, terminaremos a puro circo.
*Jimmy Ortiz Saucedo escribe desde Santa Cruz.
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