La inflación es un síntoma de que algo anda mal en la economía. Se expresa por la subida notable y constante de precios; esta subida proviene de un exceso de circulante que incrementa la demanda o de una insuficiencia de oferta de bienes de consumo o ambos. Por lo tanto, la medicina es restringir la demanda o incrementar la oferta o ambos.
El brote inflacionario se ha presentado en el país por el incremento de nuestras exportaciones; por el descubrimiento de nuevos yacimientos de gas y su exportación; mayores remesas del exterior y mayor actividad del narcotráfico. Gran parte de estos ingresos en divisas llega al Banco Central a cambio de moneda nacional que ingresa a la circulación. La oferta no ha crecido al ritmo de la demanda por diversas causas: condiciones climáticas adversas, bloqueos que impiden la libre circulación de bienes, políticas de gobierno que desincentivan la inversión que se requiere para incrementar la producción, incertidumbre sobre la orientación que el Gobierno dará a las políticas económicas, y otras.
En estas circunstancias, el Banco Central puede tomar algunas medidas monetarias como las operaciones de mercado abierto que consisten en emitir valores, pagando intereses, para succionar algo del excedente de liquidez, pero esto tiene un alto costo y por lo tanto su uso es limitado. También puede subir el encaje legal de los bancos, lo cual significa que éstos sólo pueden prestar una fracción de los depósitos que reciben, gran parte de los cuales genera intereses para los depositantes y, como los banqueros no deben sufrir pérdidas, se ven obligados a mantener tasas de interés activas altas y tratar de bajar las tasas pasivas. En la coyuntura actual, debido al exceso de liquidez, han logrado bajar las tasas pasivas manteniendo siempre un “spread” alto. Las altas tasas de interés constituyen un impedimento para el desarrollo de la economía, por tanto el incremento del encaje legal tiene un margen limitado.
El Banco Central, además de las medidas de política monetaria, ha recurrido a una medida de política cambiara que, según sus voceros, consiste en acelerar la apreciación de nuestra moneda con respecto al dólar. Me parece que el Banco Central ha recurrido a esta herramienta en un gesto desesperado cuando el Gobierno ya no pudo negar la existencia de un brote inflacionario y cuando los ministros del área económica deslindaban sus responsabilidades atribuyendo al Banco Central la responsabilidad total de la estabilidad de la moneda. La aceleración de la apreciación puede ser contraproducente porque desincentiva las exportaciones (al encarecer nuestros bienes exportables y disminuir el ingreso de los exportadores) que son esenciales para nuestro crecimiento y para crear fuentes de trabajo e incentiva las importaciones (al abaratar los bienes importados) afectando a la producción interna que también genera fuentes de empleo. Éste, en mi concepto, no es un instrumento adecuado para combatir la inflación.
El Banco Central está utilizando la mayoría de los instrumentos con que cuenta para combatir la inflación, pero éstos tienen un alcance limitado e insuficiente. Existen otras responsabilidades y otras herramientas para combatir la inflación: la política fiscal, en primer lugar; políticas de atracción de inversiones que incrementen la producción nacional; políticas que den seguridad y confianza a los agentes económicos para reactivar el aparato productivo nacional; políticas de información claras que eviten la generación de expectativas inflacionarias; educación e información a los dirigentes sindicales, para que entiendan que sus medidas de fuerza tienen efectos inflacionarios cuando impiden el normal abastecimiento de bienes o cuando generan mayores gastos del TGN. Sus aparentes logros pueden desvanecerse muy rápidamente por efecto de la inflación.
Por limitaciones de espacio, desarrollaré en otro artículo mis comentarios e ideas con relación a la política fiscal: qué orientación debe darse a los egresos del sector público (incluidos los de los gobiernos departamentales y municipales) así como lo que podríamos hacer en materia de política tributaria. También haré un análisis sobre las grandes diferencias entre las condiciones económicas del país a mediados de la década del 80 en que sufrimos una hiperinflación y las actuales en que tenemos un brote inflacionario.
*Ramiro Cabezas M. fue ministro de Recaudaciones Tributarias y ministro de Finanzas.
Globalización y de-crecimiento
Algunos acontecimientos ponen en entredicho una verdad que parece de perogrullo: que unos países más y otros menos, con tiempos e intensidades diferentes, todos nos conducimos irremediablemente hacia el crecimiento económico global.
La primera revolución socialista
Esta vez voy a hacer una revelación familiar, porque se trata de un suceso histórico que incumbe al país. En junio de 1930 se produjo la primera revolución socialista en Bolivia y su conductor accidental fue mi padre, Alfredo Zuazo Lavadenz
Ni una palabra
Ciertas circunstancias requieren de la máxima prudencia y reserva. Tal el caso de los acercamientos bilaterales entre Bolivia y Chile, específicamente en lo referente al tema marítimo.
Anuncios, promesas y declaraciones
De Caracas se nos informa que se ha desatado una pequeña guerra fría con Brasilia. Tú no vienes a mi campeonato de fútbol, yo no voy a tus juegos panamericanos. Tú te vas de gira a promocionarte con tus biocombustibles…