A la ya delicada posición que la producción excedentaria de coca —toda ella destinada a la fabricación de cocaína— coloca a nuestro país, los bolivianos estamos también condenados a padecer la incontinencia verbal del presidente Morales, cuyos efectos se sienten día a día en una crispación que tiende a hacerse crónica. Ya dediqué una columna a los excesos que en general forman parte del estilo del señor Presidente; en la presente, me detendré en particular al que comete con el uso de la palabra.
Mi intención va más allá de señalar, como lo ha hecho ya buena parte de la ciudadanía, el vicio irrespetuoso para con la audiencia que tiene de extender sus discursos sin otra razón que no sea la de poner a prueba la resistencia (o la obsecuencia) del público al que se dirige. Creo que nadie está obligado a someterse a tal tortura, menos si viene de un mal orador como es el caso del actual Jefe de Estado: desordenado, desubicado (su impertinencia en Perú, por ejemplo), vanidoso y pendenciero en casi todas sus alocuciones. Todo ello denota un gobernante que no tiene un mínimo de autogobierno. No le han dicho que el caos verbal se traduce en oscuridad de ideas y le hacen ver como un ser perturbado. Pero bien, si al hombre le parece que así está bien y si sigue habiendo masoquistas dispuestos a soportarlo, está en todo su derecho.
Sobre lo que tengo mayor reparo tiene que ver con la ligereza en que SE incurre para soltar frases carentes de tacto que acaban por generar un clima de violencia y desconcierto —a mí en particular algunas me dejan perplejo—. Voy a graficar lo que una bocaza como la de Morales causaría en otros ámbitos públicos.
Si Naciones Unidas lo tuviera como su Secretario General, es muy probable que el planeta estuviera en puertas de la tercera Guerra Mundial. Es tan fuerte el efecto disociador de su labia que por un quítame estas pajas que lo distanciara de un país del sistema internacional, no dudaría en amenazarlo con “atenerse a las consecuencias”, a partir de lo cual se desataría el desastre.
Si el Vaticano lo consagrara como Papa —Juan Evo I— ya estaría hablando de “levantar el secreto de confesión” bajo el pueril argumento de que así se evitaría el adulterio y las infidelidades en general. Resultado: la gente deja de confesarse; el adulterio continúa como siempre.
Y así, por el estilo. Piense usted en otros escenarios y quedará fascinado de lo que pueden generar frases desaprensivas dichas por una autoridad que pone la lengua en movimiento antes de poner el cerebro en funcionamiento.
La boca excedentaria ha declarado recientemente que las leyes son un obstáculo para el ejercicio de su mandato. Alguien tiene que hacerle entender que es Presidente Constitucional precisamente por haber sido elegido en el marco de las leyes y que ha jurado cumplirlas. Mientras tanto, la coca excedentaria anda de plácemes.
* Puka Reyesvilla es docente universitario.
¿Y la justicia dónde está?
El Choco Millán puede considerarse un hombre feliz: después de asesinar a mansalva a tres personas, la justicia boliviana le ha dado 15 años de prisión, lo que hace suponer que el querubín estará de nuevo paseando por las calles en seis o siete años.
Democracia y capitalismo
En el mundo contemporáneo coexisten diversos sistemas de regulación de las actividades políticas y económicas. Dos de ellos —democracia y capitalismo— suelen complementarse aunque no sin experimentar una serie de tensiones
Hurgando males nuestros
En una reunión de amigos, no faltó el que lanzó el consabido halago sobre mis escritos, acompañado de un “pero, ¿puedo hacer una observación?”. Le dije tres veces que no, pero insistió: deberías variar tu tónica si no quieres ser encasillado, sentenció.
Otra vez la Asamblea en vilo
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