En el mundo contemporáneo coexisten diversos sistemas de regulación de las actividades políticas y económicas. Dos de ellos —democracia y capitalismo— suelen complementarse aunque no sin experimentar una serie de tensiones, de contradicciones y de conflictos. Algunas de esas tensiones son de tipo funcional y es inevitable que existan, ya que son múltiples los actores participantes. Sin embargo, hay otras como son la injusticia social y el deterioro del medio ambiente que ponen en peligro la propia sustentabilidad del desarrollo.
Encarar ese tremendo desafío implica agregar una direccionalidad estratégica a los sistemas prevalecientes. Esto es, en países que siguen trayectorias de democracia y capitalismo es cada vez más imperioso incorporar la dimensión de sustentabilidad social y ambiental.
De lo que se trata es de conciliar a nivel local y nacional sistemas operativos en los que la pugna de intereses, la generación de riqueza y la sustentabilidad social y ambiental puedan converger constructivamente. Debiera existir complementación entre ellos, de modo de lograr mayor efectividad de conjunto aunque, una vez más, no se evitarán pero sí se administrarán mejor las tensiones y los conflictos propios de procesos con múltiples actores, intereses y valores.
La sustentabilidad social y ambiental impone nuevas condiciones al funcionamiento de la democracia y del capitalismo. Ellas no debieran afectar la capacidad de una democracia de alinear intereses ni la del capitalismo de generar riqueza y promover desarrollo tecnológico. Así, por ejemplo, una democracia sustentable establecerá mejores formas de custodiar el medio ambiente y de integrar con más efectividad los intereses de los sectores pobres sin por cierto negar los de los demás actores que hoy la constituyen. De igual modo, un sistema económico sustentable deberá precautelar que sus actividades no afecten negativamente el medio ambiente y ocuparse de abatir la pobreza dinamizando la base del aparato productivo (los micro y pequeños productores).
Agregar direccionalidad estratégica a sistemas complejos no es tarea sencilla pero se impone hacerlo dada la gravedad de los escenarios que nos esperan si no ajustamos el rumbo. En más de un sentido el tema de la sustentabilidad social y ambiental ya está instalado en la agenda política contemporánea. Hay incluso disponible un gran número de nuevas políticas, de novedosos instrumentos y de buenas prácticas listas para ser utilizadas en la escala que es requerida para asegurar resultados apropiados. Resta sin embargo, otorgar la prioridad que el desafío merece y establecer instancias mucho más efectivas para monitorear y promover su efectiva y urgente implementación.
*Roberto Sansón Mizrahi es economista argentino. Opinión Sur.
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